Artículos de Opinión

Asia-Pacífico: un análisis de la tensión Nuclear Militar, pensando en el siglo XXI.

Hoy en el mundo existen nueve países que tienen la condición de actores militares nucleares: Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia, China, Israel, India, Paquistán y Corea del Norte. De estos, seis son parte del Indo-Pacífico, y de ellos cuatro tiene costas en el Océano-Pacífico.

En 2018, Joshua Pearce y David Denkenberger, concluyeron que “100 ojivas nucleares, en el peor de los casos, son [suficientes] para la disuasión nuclear, [desde que si] cualquier nación agresora usa más, incluso con suposiciones optimistas (considerando la ausencia de represalias), causaría un daño irreparable a su propia sociedad. Por lo tanto, [este número] es el límite pragmático y [donde] el uso de fondos gubernamentales para [la existencia de una mayor cantidad] no parece ser racional”.

Hoy en el mundo existen nueve países que tienen la condición de actores militares nucleares: Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia, China, Israel, India, Paquistán y Corea del Norte. De estos, seis son parte del Indo-Pacífico, y de ellos cuatro tiene costas en el Océano-Pacífico. Esta realidad, pensando en el corto y mediano plazo, sin duda, tensiona la paz y la coexistencia en la región.

Según Arms Control.org y fas.org, existen aproximadamente 13.500 ojivas nucleares en el mundo. De estas, los cuatro del océano Pacífico (Estados Unidos, Rusia, China y Corea del Norte), representan el 92%: Estados Unidos 5.800; Rusia 6.375; China 320 y Corea del Norte llegaría a poseer entre 30 y 40. Del total de los arsenales norteamericanos y rusos, según las mismas fuentes, 4.060 ojivas “ya no son parte de sus reservas (stockpile), pero están intactas a la espera de ser desmanteladas”. Un total de 8.475 están “almacenadas”, lo que implica que las “ojivas, activas e inactivas, [están] asignadas para uso potencial”. Sin embargo, como lo informan estas fuentes, que desde mi perspectiva es una cuestión central para el Asia-Pacífico, es que Estados Unidos (+/- 1.373) y Rusia (+/- 1.326), poseen 2699 ojivas desplegadas y activas en misiles balísticos.

Lo importante, pensando en las implicancias para la región, es visualizar, como estos cuatro actores ven su arsenal nuclear al servicio de sus intereses nacionales. Estados Unidos, en el “Nuclear Posture Review” de 2018, donde se declara que “nunca [se] ha adoptado una política de no first use policy y que dado el actual [contexto global], este [ajuste] no se justifica”, sostiene que: “Dadas las diversas amenazas y las profundas incertidumbres del entorno [global] actual y futuro, las fuerzas nucleares de EE.UU., desempeñan los siguientes roles críticos en la estrategia de seguridad nacional, [contribuyendo] a: la disuasión de ataques nucleares y no nucleares; a la garantía de [la seguridad de] aliados y socios; al éxito de los objetivos estadounidenses si falla la disuasión y la capacidad de protección ante un futuro incierto”.

Rusia, por su parte, en “Basic Principles of State Policy of Russian Federation on Nuclear Deterrance”, determina el uso del armamento nuclear relacionando el “aseguramiento de la defensa” a la existencia de su arsenal nuclear. Del mismo modo, estableciendo la “inevitabilidad de las represalias” post-ataque, se sustenta la importancia de “la disuasión nuclear, en caso de agresión contra Rusia o sus aliados”. Además, estipula “el derecho de utilizar armas nucleares” en dos casos: (1) si es atacada (o sus aliados) con “armas nucleares y otros tipos de armas de destrucción masiva” y (2) si, resultado del “uso de armas convencionales la existencia de [Rusia] está en peligro”.

China, en su documento China’s National Defense in the New Era, enmarcada en la política del “non-first strike”, así como el “no uso o amenaza [de] armas nucleares contra Estados no poseedores…o zonas libres de [ellas]”, declara “una estrategia nuclear de autodefensa, cuyo objetivo es mantener la seguridad estratégica nacional disuadiendo a otros países de usar o amenazar con usar armas nucleares en contra” y donde la “capacidad nuclear es estratégica para salvaguardar su soberanía y seguridad nacional”.

Corea del Norte, el único de los cuatro del océano Pacífico que habiendo pertenecido al Tratado de No-Proliferación y Desarme (TNP), entre 1985 y 2003, constituye una verdadera incógnita. Dominado por un régimen dinástico dictatorial, solo en 2013, dio a conocer lo que se asume como una Doctrina Nuclear: “Law on Consolidating Position on Nuclear Weapons States Adopted”. Según Antoine Bondaz, este, establece que estas “armas ahora no solo se proyectan [como un arsenal] de disuasión, sino [que] también, con una dimensión externa e interna, [como parte] de la identidad de la estrategia de supervivencia del régimen”. Lo complejo, como lo plantea Shane Smith, es que “Corea del Norte parece tener mayores ambiciones para su programa nuclear que le permitirían pasar de una estrategia catalítica a una doctrina de represalia asegurada”.

El punto es que las armas nucleares se han transformado, sustentadas en la lógica de la contención, disuasión y destrucción mutual asegurada, en una paradoja totalizadora y donde esta amenaza tendrá, en el siglo XXI, a Asia-Pacífico como escenario de operaciones. Efectivamente, la disputa (y explotación) de las rutas del Ártico, las tensiones Estados Unidos-China por la dominación de las rutas marítimas de la región, el mayor rol y presencia global de China y el no haber podido evitar la proliferación Nuclear de Corea del Norte, deberían tensionar aún más el problema de la existencia versus eliminación de las armas nucleares, su proliferación vertical y un amenazante efecto de proliferación en cascada. (Santiago, 5 octubre 2020)

 

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