Artículos de Opinión

Cambios al sistema de pensiones en Chile.

¿Qué necesidad tenemos de que alguien administre los fondos (dinero) que provienen del patrimonio del trabajador? Y en esa dinámica, ¿qué sistema podemos aplicar al caso chileno?

Parto de la base de que un sistema de pensiones debe existir por cuanto las personas individualmente consideradas, no son capaces de preocuparse a tiempo del tema. Es lo que Bismark vio en 1870 para promulgar sus leyes sobre seguridad social que fueron de gran influencia en todas las legislaciones del mundo. Hasta ese momento, las cofradías y colegios eran los únicos organismos que se preocupaban de las personas que de a poco migraban desde los campos a la ciudad, no dando abasto para protegerlos, dándose lugar a la denominada Cuestión Social que afectó a una gran cantidad de personas y sus familias.
Los índices de pobreza se dispararon, y debido a ello, aumentaron los delitos de naturaleza económica (robos, hurtos), con lo cual la percepción de la población acomodada, se orientó al efecto del problema y no a las causas.
Sin embargo, Alemania tras su unificación en 1870, comenzó un proceso de desarrollo industrial y económico formidable, de manera que las leyes de seguridad social promulgadas por el otrora llamado mariscal de hierro. Desde esa perspectiva, resulta claro que todo sistema de protección parte por reconocer que existe un problema y que debemos encontrar una solución al mismo que produzca efectos sinérgicos (satisfactores sinérgicos), en los términos expresados por Max Neef en su trabajo relativo a la economía sustentable.
Ahora bien, existen varios sistemas que tratan del tema y que se pueden reducir a dos: uno de reparto (como el que existía antes del DL. 3500) a través del Servicio de Seguro Social y las Cajas de Previsión que son órganos públicos (el Estado), y otro de seguro privado (instaurado en Chile a partir del DL. 3500), y que creó las AFP.
La pregunta que yo me hago para efectos de determinar qué sistema aplicar a nuestra realidad, y la necesidad de establecerlo, en general es la siguiente: ¿qué necesidad tenemos de que alguien administre los fondos (dinero) que provienen del patrimonio del trabajador? Y en esa dinámica, ¿qué sistema podemos aplicar al caso chileno?
Pues bien, el sistema de AFP ha sufrido algunas modificaciones que han socavado los cimientos del sistema que hoy en día no ofrece la protección del pensionado sino que muy por el contrario, de su empobrecimiento. De esta manera, la primera pregunta la respondo negativamente, esto es, que nadie debe por qué administrar nuestros dineros. No existe la necesidad para ello. Debido a esta declaración, debemos responder la segunda pregunta señalando claramente que la obligatoriedad de la contribución al ahorro de parte del trabajador hace que todo sistema o mecanismo pueda tener una dinámica pasiva respecto de esos fondos.
Es decir, cuando señalo que no es necesario que alguien administre nuestro dinero, pero que sí debemos contribuir obligatoriamente al fondo individual, quiero expresar que los fondos que se acumulen no sean objeto de ningún tipo de administración, sólo de depósito sin cobro de comisión alguna, y otorgando una tasa de interés por el uso del dinero ahorrado igual a la tasa anual de interés corriente.
Ese depósito que el empleador debe hacer en la cuenta individual de cada trabajador, no debe generar pago alguno de comisión y por el contrario, debe generar un interés de aproximadamente el 3% anual. Expuesto así, sería el Estado a través del Banco Estado, el que en virtud de una modificación de sus funciones, entre otras, las de ser custodios del dinero de los trabajadores hasta que el futuro pensionado pueda elegir entre todas las posibilidades que ofrece el mercado de valores respecto de fondos ahorrados, los que van desde depósitos a plazo, fondos mutuos, rentas vitalicias, etc.
El Banco Estado podrá sin perjuicio de tener los dineros en depósito, podrá prestar esos dineros a interés a través del modelo del multiplicador bancario que usualmente es utilizado por los bancos y demás instituciones financieras.
En la actualidad, lo que existe es un reparto previo que no generan un nivel de ahorro razonable por parte de las AFP, puesto que de cada tres pesos que el trabajador aporta al sistema, resulta que dos de ellos van directamente a dar al bolsillo de los dueños de las AFP. Esto es sin perjuicio de que los fondos son administrados por ellas cobrando además una comisión por esa administración. Los fondos además son invertidos en el mercado de valores rentando variablemente y haciendo que las pérdidas no sean soportadas por el administrador sino por el trabajador, lo cual es de un enorme desequilibrio de prestaciones, sobre todo pensando que en este mercado no existen muchos actores, siendo considerado un mercado sin competidores. El hecho de que cinco o seis empresas de peleen los clientes, no quiere decir que allí exista competencia en términos económicos, sino más bien de un oligopolio basado en la publicidad. De hecho, hay una de las AFP que siempre señala en su publicidad que bajando la comisión, aumenta la remuneración percibida por el trabajador, lo cual es a todas luces un espejismo.
A pesar de haber existido una Comisión gubernamental que debía estudiar la modificación del sistema a fin de mejorar las pensiones en el más breve plazo, lo único que se ha conseguido es que los trabajadores deban aumentar la tasa de descuento desde un 10% a un 15%, cinco últimos puntos que administrará un organismo estatal.
Sin embargo, y como hemos señalado, no se trata en nuestra propuesta de crear un órgano estatal que administre los fondos, porque el sistema no va a mejorar. Este tremendo error de sistema envuelve insospechados efectos para las personas que se pensionarán de aquí a 10 años más.
Ahora, volviendo entonces al problema planteado, la sugerencia es que no se cree ningún organismo estatal que administre, pues no hay nada que administrar, y menos aumentar en un 5% el descuento obligatorio mensual que sí provocará un detrimento patrimonial en la remuneración del trabajador. Peor si parte de ese 5% debe ser completado por las empresas (empleadores), pues las grandes empresas siempre cumplen porque son pocas, recayendo el mayor peso en las Pymes, cuyas estructuras de costo están más que al límite. Sobre todo pensando que la mayor parte de la fuerza laboral proviene de empresas pequeñas o medianas.
Lo que el Estado debe hacer a través de su banco es custodiar los fondos depositados mes a mes por los trabajadores tanto dependientes como independientes, de modo que se cree un gran ahorro nacional que va a permitir la expansión de la demanda agregada y la salida del proceso de desaceleración que nos afecta por estos días. La mayor parte de los autores (menos los monetaristas), piensan que la salida a cualquier crisis se encuentra en el aumento de la tasa de ahorro, y no del consumo, pues éste resulta ser un círculo vicioso que no produce bienestar y esclaviza a los ciudadanos que trabajan en un país.
La deuda es hoy por hoy el origen de la riqueza de las naciones. No necesito probarlo mediante una fórmula matemática, porque es evidente. Si observamos el comportamiento de economías en crisis, deberemos consensuar que el ahorro hace trasladarse la curva de demanda agregada hacia la derecha, produciendo un aumento en la inversión que es en definitiva lo que el país requiere para salir del hoyo en el que se encuentra. Reitero: no es el consumo, es el ahorro.
Expresado de esta manera, podemos concluir que el ahorro generado a partir del solo depósito mensual de altas sumas de dinero, hacen que el mismo pueda ser invertido a través del sistema financiero. Incluso, tomando la idea de que fuere el Banco Central aquella entidad pública encargada del 5% ya antes mencionado, el hecho de que no exista administración de dineros ajenos, permite pensar que todos esos fondos estarán disponibles a través del multiplicador bancario. Esto que parece nimio, es de la esencia del mecanismo propuesto, ya que sólo a través de esa custodia de los fondos es que las pensiones mejorarán. De hecho, hace un tiempo, las compañías aseguradores opacaron algunas investigaciones periodísticas que pretendieron poner de manifiesto el abuso existente en la división del fondo recibido de parte del trabajador luego de optar por una renta vitalicia, pues la expectativa de vida alcanzaba a los 140 años, cuestión que no es real. Nadie supo explicar aquello y hoy en día se encuentra oculto como tantos otros abusos del sistema.
Hoy en día, la generación de deuda es aquello que le da vida al sistema económico. Ya no se trata del capital sino de la deuda como generadora de riqueza. Las tasas de interés aplicadas a los créditos de consumo e hipotecarios, suponen justamente que las personas permanezcan cautivas del sistema por gran parte de su vida, inclusive más allá de su muerte. (Santiago, 20 diciembre 2017)

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