Artículos de Opinión

Elección Presidencial.

Hay quienes reclaman con denuedo poner fin a una Constitución impuesta por un gobierno autoritario sustituyendo el ejercicio de la soberanía popular. Pero cabe preguntarse si quienes así piensan representan a la mayoría. Y hay quienes creen que una Constitución que nos ha regido por más de 3 décadas y ha sido objeto de 33 reformas, merece la legitimación de su práctica y reconocimiento generalizado. Pero cabe la misma pregunta: ¿así piensa la mayoría?

Tres hechos son dignos de destacar luego de la reciente elección presidencial.
El primero es el extraordinario dinamismo del Presidente Sebastián Piñera para después de recibir un país seriamente dañado por un terremoto, tan destructor como fue el del 27-F, entregarlo en gran parte recuperado, con realizaciones en todos los campos del desarrollo, excepto la energía –aunque no por culpa suya– con las finanzas públicas saneadas y con una presencia internacional de Chile a tal medida descollante que es un referente obligado tanto  en los demás países de América como de Europa y Asia.
El segundo hecho que nos impacta es el alto porcentaje de abstención en el acto electoral.  Votó menos de la mitad del electorado.  Lo que revela una aguda falta de compromiso con la democracia.
– ¿Consecuencia de la torpe conversión del voto obligatorio en voluntario? – ¿Falta de responsabilidad cívica? Hay jóvenes que, al ser consultados, respondieron “No estoy ni ahí con la política”.
Aristóteles –hace 24 siglos atrás– distinguía al verdadero ciudadano: el  zöon politikon  (animal social) y el idiótico, el que no se interesaba en las cosas de la polis.
El tercer hecho es el enorme volumen de expectativas que ha despertado la Presidenta electa.  Desde la educación gratuita para todos hasta una Nueva Constitución democrática generada por la voluntad del pueblo que es quien debiera ejercer la soberanía  cuyo acto fundacional es acordar el Pacto Fundamental de la convivencia democrática.
Sobre este último propósito existe una cuestión previa de resolución  inevitable: – ¿quiere la mayoría ciudadana una nueva Constitución o prefiere que continúe rigiendo la que se encuentra vigente la que, además, cuenta con mecanismos de reforma?
Hay quienes reclaman con denuedo poner fin a una Constitución impuesta por un gobierno autoritario sustituyendo el ejercicio de la soberanía popular. Pero cabe preguntarse si quienes así piensan representan a la mayoría.  Y hay quienes creen que una Constitución que nos ha regido por más de 3 décadas y ha sido objeto  de 33 reformas, merece la legitimación de su práctica y reconocimiento generalizado.  Pero cabe la misma pregunta: ¿así piensa la mayoría?
Significaría una torpeza imperdonable iniciar un largo y costoso proceso de reforma sin conocer previamente –mediante una consulta nacional– el resultado de este imprescindible punto de partida.
Si la respuesta de la ciudadanía fuera afirmativa, la tarea contaría con respaldo político.  Si ella fuera negativa, sería mejor dedicar este gigantesco esfuerzo a necesidades  más urgentes como la reforma de la educación y la salud y la erradicación de la extrema pobreza que hoy hiere el sentimiento solidario de todo chileno. 

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