Artículos de Opinión

La clase política (ser y deber ser)

Lamentablemente, y no sólo en nuestro país, la clase política con frecuencia se transforma en oligarquías o "camarillas" políticas erosionando con ello su función natural.

Las periódicas encuestas acerca de de la actividad política nacional dejan de manifiesto que la percepción que  la ciudadanía tiene de la clase política es manifiestamente negativa.
Esta apreciación desvalórica se ha agudizado en fecha reciente al advertirse que figuras relevantes del mundo político se encuentran comprometidas en conductas irregulares, algunas de connotación penal.
Ahora bien ¿cuál es el concepto y rol que la clase política debe cumplir en un régimen democrático?
Generalmente esta expresión que se suele usar para designar a la dirigencia política de un país, o sea, el conjunto de los “ políticos profesionales” que de una manera estable y permanente realizan las tareas públicas de la sociedad.
Estos políticos han desarrollado una serie de conocimientos, habilidades y destrezas para el cumplimiento de su oficio. Tienen, en cierto sentido, una “especialización” .
Desde un punto de vista sociológico se estima que en rigor no se está en presencia de ninguna clase de categoría social. En efecto, pueden pertenecer a medios muy diversos; vinculárselos a clases diferentes. Pero su participación de la vida política trasciende a esta vinculación social, económica o intelectual. Ocurre con la clase política lo que con una iglesia que reúne en su seno a fieles que en el plano temporal se diferencian profundamente.
Como anota Georges Burdeau: “La razón de ser de la clase política consiste en ofrecer al Poder o, más precisamente todavía, al régimen que encarna  su estructura  y espíritu, esta base social indispensable. La clase política no es Juez un camarilla de partidarios ni una clientela de los gobernantes; es el soporte del régimen. Así se explica, por una parte, que su existencia no dependa de las mayorías y, por otra, que agrupe a personas de tendencias contradictorias».
De las reflexiones del politólogo francés se puede inferir que para el deber ser la clase política se halla al servicio exclusivo de la comunidad,  ya que promueve la adaptación del sistema político a las solicitaciones y exigencias del medio en que opera.
Lamentablemente, y no sólo en nuestro país, la clase política con frecuencia se transforma en oligarquías o “camarillas” políticas erosionando con ello su función natural.
Sin duda, la percepción ciudadana a la que aludíamos al iniciar estas líneas corresponde, precisamente, a los reproches éticos que se formulan a la clase dirigente.
Fenómenos de esta naturaleza originan, por una parte, la apatía cívica y a la vez vigorizan a los grupos antisistema; factores ambos que ponen en peligro la estabilidad del régimen democrático.
Paradójicamente, la responsabilidad para superar estos riesgos corresponde al mismo ente que los origina. (Santiago, 11 noviembre 2019)

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