Artículos de Opinión

La pandemia y las relaciones internacionales.

Ni la más actualizada tecnología médica, ni los avances en la salud, acelerada en los últimos tiempos, alcanzan hoy a contrarrestar un virus rebelde, y en casos mortal, que nos mantiene incomunicados, como sola medida de contención, paliativa aunque no curativa.

Con inmensa preocupación, vemos cómo la globalización de la pandemia se expande sin detenerse ni encontrar solución o una cura efectiva, y las víctimas aumentan. Un efecto más, aunque indeseado, de la mundialización que tantos beneficios ha traído en otros campos. Ni la más actualizada tecnología médica, ni los avances en la salud, acelerada en los últimos tiempos, alcanzan hoy a contrarrestar un virus rebelde, y en casos mortal, que nos mantiene incomunicados, como sola medida de contención, paliativa aunque no curativa. Como si la ciencia ficción que tantas veces la imaginó, se hubiere materializado en una tremenda realidad.

El mundo ha debido adaptarse velozmente a ello y a sus efectos, casi todos nefastos, que se multiplican en todos los campos de la actividad humana, y que repercuten ahora, y seguramente de peor manera mañana, en la economía individual de los países y del planeta. Son elementos más que suficientes, para poder anticipar que la ciencia de las relaciones internacionales, una vez más, se ve confrontada a un nuevo desafío generalizado, que no es una guerra mundial entre adversarios que se matan con sus armas, como las hemos conocido; sino que equivale a una lucha universal contra un enemigo microscópico y casi desconocido, que hasta ahora se impone. Por desgracia, todavía subsiste la incógnita sobre su posible erradicación.

Sin embargo hay similitudes preocupantes. El aislamiento forzado, las cuarentenas, las variadas medidas disciplinarias a la población, los toques de queda, controles y barreras sanitarias, y demás fórmulas de imposición, necesarias para hacer frente a rebeldías, reacciones irresponsables o individualistas, se hacen mediante la presencia y compulsión armada, por fuerzas de orden o de militares, que patrullan, actúan, y utilizan casi los mismos procedimientos de una guerra tradicional, sin disparos esta vez. Gran paradoja, que nos recuerda que el atavismo bélico sigue presente, sea ante agresiones armadas de terceros, o ante un enemigo microbiano invisible, y tal vez, más destructivo. No arrasa con ciudades ni infraestructuras, pero elimina vidas, y lo paraliza todo. Los más vulnerables son las personas mayores, si bien no faltan quienes las consideran descartables, como si el progreso en la prolongación de la vida, de nada hubiere servido.

En lo inmediato, cualquier autoridad responsable en los distintos países, ha debido actuar y adoptar las medidas urgentes que se hayan mostrado más eficientes en otros países, o recomendadas por Organismos Especializados. Por cierto, adaptadas a las realidades propias de cada uno, y dentro de las posibilidades de salubridad y tecnología con que cuenten, así como utilizando legislaciones y normas existentes, no actualizadas a este nuevo adversario. Casi todas difieren, y sus resultados conocidos, son reflejados en algunas estadísticas insuficientes, a veces incompletas, o sin capacidad de ser evaluarlas con exactitud. No sería de extrañar que fueran mucho más alarmantes que las divulgadas, incluso aquellas provenientes de países desarrollados, donde se muestran ejemplos más que preocupantes. No hay información clara respecto a muchos otros países o regiones menos adelantadas, que podrían estar manipuladas, ante la responsabilidad abrumadora que pesa sobre sus dirigentes. La ciudadanía estará sumamente atenta, y juzgará según sus resultados. Es inevitable.

De ahí que podremos apreciar muchos cambios, reemplazos, o situaciones críticas en muchos Estados, ya que las poblaciones, por vía directa o por elecciones, buscarán otras autoridades en vez de las actuales, si consideran que han actuado de manera ineficaz, tardía, o insuficiente ante la pandemia, y los podrían  hacer blanco de su malestar o de su enojo. No todos podrán resistirlo impunemente, ni habrá excusas o atenuantes suficientes, para salvarse del consecuente reemplazo. Habrá otros que pretenderán engañar, tergiversar los hechos, o simplemente aprovecharse de la tragedia para redoblar su control político y sofocar cualquier decisión de cambio; como habrá ejemplos de aquellos premiados por su efectividad en los resultados, y aceptación de los resguardos adoptados.

Tales cambios seguramente se producirán, tarde o temprano, al hacerse el balance objetivo de esta inmensa crisis, donde sería raro que hubiere más victoriosos que derrotados, frente a tantos y tan variados frentes de batalla abiertos, ya que toda actividad relacionada de manera directa o indirecta, será alcanzada. El mundo al superarla, no será el mismo, ciertamente mucho más pobre y desamparado, como consecuencias naturales de toda conflagración, aunque esta vez sea viral. En consecuencia, las relaciones interestatales, así como aquellas que estudian las relaciones internacionales, serán impactadas por una nueva realidad a la que todos deberemos adaptarnos, nos guste o no. Habrá un salto más en el progreso científico, con la vacuna que alguna vez se descubrirá, aunque sus costos podrían enriquecer a algunos en desmedro de otros menos dotados. Mucho habrá variado en las relaciones inter-sociales, laborales, y tantas más, en gran medida por la irrupción forzada de la tecnología virtual, remota y deshumanizada. La pesadilla ideada por algunos, donde las máquinas terminan por controlarnos, habrá dado un paso más, trastocando su gran utilidad por una imperiosa necesidad, so pena de quedar aislados.

Habrá un mundo distinto, tal vez mejor, pero que todavía no sospechamos. Un momento particular en que el futuro habrá que diseñarlo otra vez. En nosotros está, el que sea mas positivo, o se transforme en una situación desconocida. Un desafío adicional e imprevisto, para la comunidad internacional. (Santiago, 28 marzo 2020)

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