Artículos de Opinión

¿Oportunidad o desastre?

No será de extrañar, como ya se ha advertido por los científicos, que el proceso de investigación y comprobación, buscará ser mucho más corto que los habituales, que por lo general requieren de varios años. Esta vez, por la presión internacional, podría obtenerse en un año o algo más.

No son tiempos fáciles para el mundo. A un aumento de las diferencias y conflictos de todo tipo, que distancian los países, ahora se suma la pandemia global del Covid19, de incalculables consecuencias, tanto inmediatas como de mediano plazo, y hasta que se descubra, pruebe su eficacia, y logre llegar a la población afectada, el antídoto o vacuna que la contenga, la cure, y erradique eficazmente. En algún momento sucederá, ya que es un desafío que cualquier investigación o laboratorio científico moderno, no puede eludir, por su urgencia y extraordinaria necesidad; añadida a la inédita ventaja comercial para quienes la patenten y distribuyan, precisamente, por la dimensión mundial alcanzada por la enfermedad. No será de extrañar, como ya se ha advertido por los científicos, que el proceso de investigación y comprobación, buscará ser mucho más corto que los habituales, que por lo general requieren de varios años. Esta vez, por la presión internacional, podría obtenerse en un año o algo más. Resulta lógico planteárselo, dado que se procurará ir directamente a los resultados, sin el correspondiente período de comprobación acuciosa, acierto y error, que han caracterizado previos descubrimientos, preventivos o curativos. Paralelamente, habrá que contemplar las ayudas económicas correspondientes, para que dicha cura, resulte accesible masivamente, y no sólo a unos pocos.

Todo lo anterior es meramente especulativo, ya que falta el elemento esencial: alguna certeza científica en la que podamos basarnos. No obstante, la inmensa maquinaria especializada en las infecciones, ya está en marcha acelerada. Es de esperar que pronto tengamos resultados, el planeta y sus habitantes, lo necesitan. La altísima propagación sumamente rápida, y la alarmante tasa de mortalidad comprobada, unida al virus, ha creado el correspondiente temor, amplificado por un planeta interconectado e informado al instante. No son de descartar algunas expresiones de pánico o de sobredimensión de lo que ocurre. Constituyen realidades en todo orden de cosas, inocentemente o en forma deliberada, como no es raro dentro del que podríamos calificar, como el mundo electrónico y sus particularidades.

Eso sí, no es el único desafío global que debemos atender, y con consecuencias directas para la vida de todos. Se ha priorizado, como es natural, el evitar o restringir al mínimo, el contacto personal sobre la base de que el virus tiene una altísima transmisibilidad, más por dicha causal que por su presencia en el medio ambiente. Así se nos ha informado. En consecuencia, no deberíamos tocarnos, ni siquiera en un saludo habitual, y mucho menos si se practica mediante abrazos, besos, o cualquier unión de la piel. Vale decir, un cambio sumamente drástico en que todas las expresiones de cortesía, amistad, afecto, y ni que decir, de amor, quedan prohibidas so pena de contagio. No sólo tales hábitos sociales resultan ahora peligrosos, pues el roce con cualquier superficie que algún infectado haya podido acceder, sería equivalente.

Las contramedidas no se han hecho esperar, y tenemos pueblos, ciudades, regiones y hasta países, en cuarentena y aislados. Algo nunca visto en esta magnitud, con restricciones o directamente prohibiciones de circular, dentro de ellos, como hacia el exterior. El impacto a la circulación de las personas, en todas sus actividades, ha sido directo en infinitos campos en que el desplazamiento resulta esencial, o en que la sociedad actúa interrelacionada. En sectores especialmente vulnerables se han transformado, justamente aquellos que más lo requieren y constituyen su habitual desenvolvimiento, como el turismo, viajes, gastronomía, abastecimiento, y tantos otros rubros relacionados aun indirectamente. Sin ser los únicos, pues toda actividad masiva o incluso en reuniones reducidas, hoy no pueden realizarse o tienen restricciones que las condicionan o impiden. El trabajo y sus manifestaciones infinitas, nacionales como internacionales, ya no es la misma.

Toda actividad laboral desarrollada en sociedad, ha resultado afectada, como el transporte, recreación, actos deportivos y múltiples más. La educación, tan trascendente en todos sus niveles, igualmente ha sido trastocada, y la natural interrelación entre alumnos y profesores, ha debido suspenderse o simplemente, eliminarse. Se afirma que es posible paliar estas condicionantes, reemplazando la relación en clases, por aquella a distancia, remota, o utilizando los medios de comunicación tecnológicos. Es cierto, que desde un simple celular con multifunciones, o alguna computadora por antigua que sea, se posibilita la vinculación en redes u otro tipo de conexión. Para quienes las poseen, puede parecer accesible y normal, así como para alumnos y profesores, además de colegios, establecimientos educacionales, universidades, o trabajos relacionados, que puedan disponer de ellas, de manera amplia, adecuada tecnológicamente, y para quien la requiera. ¿Las tenemos? ¿No será un tanto ilusorio y pretencioso, de que todos en Chile, ni que decir en el resto del mundo no desarrollado, incluido el pretendidamente moderno tecnológicamente? ¿Habremos alcanzado tal grado de sofisticación tecnológica generalizada? Tal vez no es la realidad nacional, y tampoco la del resto del mundo, por desarrollado que se pretenda. Caminamos hacia ello, pero aseverar que ya lo logramos, sería equivocarnos. Y lo que es peor, implementar este remedio como respuesta a la interrupción o la carencia del contacto personal o societario, nos puede llevar a ser más ineficientes, y extremar las diferencias entre quienes poseen estos avances, y quienes están mucho más atrasados, o nunca los tendrán.

Igualmente, debemos considerar que detrás de cada elemento tecnológico o electrónico, hay una persona, que tal vez, no tenga la capacidad ni los conocimientos necesarios para su eficiente utilización, sea porque nunca los adquirió, sea porque pertenecen a generaciones anteriores, o por cualquier motivo. La brecha entre unos y otros, podría ser tan profunda, que marcaría una diferencia abismal, insalvable, dejando una población definitivamente atrasada.  Requerirá mucho esfuerzo, coordinación y solidaridad, sin olvidar a quienes actúen irresponsablemente. Este enorme desafío, también puede servir para encontrar una oportunidad única de profundizar, promover, y expandir, las oportunidades de la tecnología, con urgencia.

Si así fuere, la pandemia viral que nos afecta tan gravemente, podría variar, de ser un desastre, en una verdadera oportunidad. (Santiago, 16 marzo 2020)

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