Artículos de Opinión

Propuestas para una democracia deliberativa.

Si los grupos son elegidos por sorteo, contaríamos con una herramienta más correcta y concreta ante la diversidad de voces y experiencias que se aglomeran en nuestras ciudades. A partir de ahí, se podría seleccionar una muestra estratificada que represente a la población tanto como sea posible.

Si regresas a la Antigua Grecia, el origen de la democracia radica en la participación de las personas que fueron al ágora para tomar decisiones sobre la ciudad y los ciudadanos. Aunque se puede cuestionar si realmente hubo una democracia en la antigua Grecia, a la luz del concepto actual, si el título de ciudadano estaba reservado para una minoría de la población, también se puede cuestionar por qué el poder ha dejado de estar directamente en las manos de los ciudadanos, así como también es válido cuestionarse por qué los ciudadanos no participan al momento de ejercer su derecho al sufragio, como a menudo muestran los números de abstención en distintos países del globo.
Pero, ¿qué pasaría si constituyéramos una asamblea deliberativa de ciudadanos, para ayudar a identificar y resolver los problemas reales de las ciudades en que vivimos?
Imagínese si llega a su casa una carta, firmada por el alcalde, invitándole a formar parte de una asamblea donde el objetivo sería escuchar, preguntar y comentar sobre los problemas que identifica en la ciudad. Y que, junto con otros vecinos, estos temas se debatirían con especialistas para que, después de unos días, pudiera proponer recomendaciones al municipio.
Después de todo, ¿qué elecciones tomarían si tuvieran el tiempo, la información y las condiciones ideales para reflexionar y debatir los temas actuales más importantes?
Sabemos que uno de los problemas con el poder político es su falta de representación. Por lo general, tenemos más hombres que mujeres, y no representamos la diversidad étnica de la población, la participación juvenil resulta escaza y ello trae consigo de que las decisiones y políticas públicas sean sesgadas hacia la visión cerrada que tienen.
La idea de hacer que los ciudadanos piensen en la ciudad no es nueva. Los municipios ya tienen instrumentos para escuchar los deseos de los ciudadanos. Los presupuestos participativos son un ejemplo de esto. Pero, aunque los investigadores consideran estas formas de participación positiva, creen que todavía movilizan a un grupo muy pequeño de personas.
A pesar de la idea muy romántica que tenemos de lo que es la participación cívica, lamentablemente hay un grupo muy pequeño de personas que tienen el tiempo, la energía, la motivación y los recursos para hacerse oír en los procesos tradicionales de consulta pública. Las personas que pertenecen a una asamblea de cualquier tipo siempre terminan volviéndose adictas porque crean espíritus grupales que luego contaminan su capacidad de tomar una decisión independiente.
Sin embargo, si los grupos son elegidos por sorteo, contaríamos con una herramienta más correcta y concreta ante la diversidad de voces y experiencias que se aglomeran en nuestras ciudades. A partir de ahí, se podría seleccionar una muestra estratificada que represente a la población tanto como sea posible.
Con una propuesta de esta naturaleza, se permite que los ciudadanos comunes piensen profundamente sobre los problemas, generando ideas y recomendaciones que serían bastante diferentes de las que los mismos responsables políticos y trabajadores del sector público podrían crear, aunado al hecho de que se daría voz a aquellos que no penetran los medios fácilmente, ni dominan el ambiente partidista.
Esta es una forma de hacer que la gente piense profundamente sobre un tema, de una manera muy poco maquinista: esto está bien, está mal". ¿No es acaso ello lo que sucede con los referendos? Las personas terminan siendo obligadas a tomar una posición de sí o no. El objetivo que se plantea consiste en que las personas tengan tiempo para hablar con expertos, para pensar, para discutir entre ellos para que, al final, deliberen de manera informada y reflexiva.
Finalmente, es preciso manifestar que un cambio en el pensamiento político es necesario para poder alcanzar un nivel de emancipación satisfactoria, colaborando con las ideas de democracia deliberativa. Pero en el escenario actual, por el contrario, el poder atrae a quienes lo sostienen y la gente sufre por las malas acciones que se toman a nivel de gobierno. La democracia deliberativa rompe tal paradigma, invirtiendo la pirámide de acceso al poder de los opresores por los oprimidos, equipado con racionalidad y clarificación. (Santiago, 12 marzo 2020)

 

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