Artículos de Opinión

Una “fatwa” cumplida.

Se ha cumplido una orden mortal contra unos dibujantes satíricos, pero no se han eliminado ni los fundamentos de la libertad de pensar ni el humor, que tanto temen.

La matanza de los responsables del semanario francés Charlie Hebdo, además de ser un acto extremo de fanatismo terrorista y un atentado a la libertad de expresión y pensamiento, implica el cumplimiento cabal de una “fatwa” islámica. Es decir, una orden al que quiera seguirla, emanada de un líder o Mufti, a sus fieles. No es una sentencia jurídica vinculante, pues no emana de tribunal alguno, sino de una autoridad religiosa. Se dictó para que fueren eliminados quienes publicaran las caricaturas de Mahoma diseñadas por dibujantes franceses y aparecidas, primero en Dinamarca el 2006, y luego en el Charlie Hebdo. Desde entonces, fue incendiada la revista el 2011, y amenazada constantemente, por eso contaba con vigilancia policial, también ahora abatida sin piedad. El Director y tres famosos caricaturistas, más otros colaboradores,  han sido asesinados, por quienes temen más a los dibujos que a las armas. Una nueva demostración del islamismo radical que hoy golpea a Francia, uno de los países que se ha caracterizado por la práctica de todas las libertades, y donde los franceses conviven con miles de musulmanes, y otros creyentes, en paz.

Un ataque también a los ideales de la civilización, en un contexto cada día más marcado por las corrientes extremistas del Islam, y que se materializa en las acciones sanguinarias del autoproclamado Estado Islámico, en Siria e Iraq; así como por movimientos afines en Nigeria, Yemen y otros países. Una desgraciada realidad que se extiende y prolifera con mayor frecuencia día a día, y donde el objetivo es eliminar de cualquier manera a sus oponentes, sea por participar en acciones militares contra ISIS, contener los terroristas de Al Queda, practicar otras religiones, igualar los derechos de mujeres o niños, propiciar la tolerancia y libertades esenciales, y hasta difundir simples caricaturas, que pueden costar la vida a responsables o inocentes. Es decir, el fanatismo extremo en su más alta expresión, y contra el cual no caben razonamientos ni la defensa de la vida.

El mundo ha reaccionado justamente con alarma e indignación, y el terrorismo ha logrado así lo buscado. El amedrentar y producir pánico generalizado, ya que ningún país y ninguna sociedad esta libre de ser atacada, pues el motivo central de hacerlo, es justamente el pensar de manera diferente, y lo más grave para esos criminales, no someterse a ellos. Una nueva realidad que parecía reservada a tierras lejanas o acostumbradas a excesos y violencias propias de un deficiente desarrollo, plagado de injusticias. Francia, por desgracia, se suma a los ataques sufridos por Estados Unidos, Gran Bretaña, y España, por citar los más significativos, y presumiblemente por propios ciudadanos; a pesar de los múltiples esfuerzos preventivos y colectivos que han logrado evitar algunos más. Sin olvidar aquellos que proliferan en África, el Mundo Árabe o Asia, aunque muchos profesen las mismas creencias, pero sin posiciones extremas.

Se ha cumplido una orden mortal contra unos dibujantes satíricos, pero no se han eliminado ni los fundamentos de la libertad de pensar ni el humor, que tanto temen (Santiago, 8 enero 2015)

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