Hace unos días jóvenes activistas lanzaron sopa al cuadro de la Mona Lisa en el museo de Louvre, París. Sin embargo, tal actuar ya había ocurrido con anterioridad. A pesar de ello, es que la reacción de la población en general como de los medios de comunicación ha sido, y fue la misma: «no es la forma».
Con lo anterior es que me pregunto. ¿Cuál es entonces la forma? ¿No bastó la declaración de que el fenómeno climático entró en una fase irreversible? Es así que el mensaje de los jóvenes activistas no pudo ser más irónico y acertado, y es que no pretendían destruir el retrato, porque claramente un líquido nada puede hacer contra un cristal a prueba de balas, sino que demostraron las prioridades que tenemos como sociedad. Nos importa más la integridad de un cuerpo inerte y sin vida que la subsistencia del planeta entero.
Matías Vidaurre Vilo