Entrevista

Hernán Velásquez, constituyente por el Distrito 3.
Crear macro regiones, renacionalización del cobre, descentralizar las relaciones internacionales:

Hernán Velásquez, constituyente por el Distrito 3: “El Estado debería delegar las relaciones diplomáticas en los gobiernos regionales”.

Sostiene que, en el ámbito económico, es bienvenida la inversión privada mientras dé respuestas a las mayorías, aportando a las políticas públicas, al gobierno de turno y, al mismo tiempo, esté sometida al bien común.

2 de julio de 2021

Por Verónica Rodríguez Rowe para Diario Constitucional

 

El sociólogo y dos veces concejal por Calama, Hernán Velásquez, tendrá la responsabilidad de llevar la voz de esa ciudad hasta el seno de la Convención Constitucional. Este militante de la Federación Regionalista Verde Social (FRVS) consiguió el escaño por el Distrito 3 debido a la corrección por paridad, desplazando con un 2,55% de los votos a su compañera de lista, María Angélica Ojeda del Partido Comunista (PC),  quien obtuvo 6,12%.

Con voz calma, Velásquez habla de su tierra con orgullo. De las riquezas que entrega y de la calidad de sus habitantes. Cada palabra que pronuncia refleja hacia dónde va su lucha: potenciar a las regiones.

La tarea que va a enfrentar es ardua, pesada... ¿Podría mencionar los cambios positivos o negativos que considera más relevantes frente al nuevo texto constitucional?

La Nueva Constitución tiene un origen eminentemente democrático. El axioma de las naciones desarrolladas es que el pueblo es soberano;  las mayorías democráticas se expresan en su Constitución. De aquí se desprenden los distintos marcos jurídicos, a través de las leyes. Es decir, nadie va a poder acusar a la Constitución de tener un origen viciado o de tener un contexto en el que no se consultó. Por el contrario, tiene la legitimidad dada por la mayoría democrática de este país al pronunciarse respecto a que se necesitaba un nuevo Pacto Social que permitiera avanzar a nuestra nación. Creo que esta es la principal “virtud” de la Nueva Constitución. Por lo tanto, se desprende que, ahora, la Carta Magna jugará a favor de las mayorías… No será posible decir “no, esto es inconstitucional; no podemos pedir esto porque va en contra de la Constitución”. Esa legitimidad va a desatar las fuerzas sociales, políticas y económicas con mayor fuerza.

Respecto a los aspectos negativos, se puede mencionar la incertidumbre frente a lo nuevo… propio de la naturaleza del ser humano, ante un futuro “incierto”. Pero, también, es un cambio cultural, un cambio hacia el optimismo porque podemos más, queremos más y somos más, y la Nueva Constitución debe expresar ese Más de este nuevo Chile.

 

Usted es partidario de un Estado Social de Derecho, a través del fortalecimiento de las pensiones, sistema de salud y viviendas dignas. ¿Cuál es su propuesta frente a estos temas? 

Comparto que podemos avanzar en un Estado de Derechos. Estos Derechos van a tener un fuerte sello social pero, al mismo tiempo, la pregunta que surge es cómo vamos a financiarlos. Ahí está el meollo de mi propuesta. Este país es rico. Uno mira las cifras de los distintos informes (Diario Financiero o los resultados anuales de las empresas)  y, la verdad, es que este país tiene mucho potencial.

Provengo de una zona eminentemente minera. El Distrito 3 concentra la mayor cantidad de mineras estatales, pero también está ahí la minera más grande de cobre del mundo privado: Minera Escondida de BHP Billinton. En el mercado internacional compiten Codelco estatal y Minera Escondida…

El 70% del cobre chileno está en manos de privados. Yo siempre le digo a la gente: es como si usted tuviera una tremenda mansión y alguien le dice, de ahora en adelante va a tener solo el 30% de lo que es suyo, el resto lo vamos a regalar. ¿Por qué voy a regalar lo que es mío? No he encontrado una respuesta desde el mundo “neoliberal”. No he encontrado una opinión que me haga sentido y que sea lo suficientemente razonable para poder entender por qué regalamos generaciones, nuestro futuro, el desarrollo y crecimiento de nuestro país.

Mi propuesta central es que el Estado debe valorarnos y, por lo tanto, administre lo que es nuestro, nada más. Abriéndose, así, la capacidad de un nuevo Chile. Para qué hablar del litio… Donde tú mires este país tiene ciertas bendiciones naturales que parece que el Creador nos entregó con muchísimo cariño.

 

Entonces… ¿Qué tipo de Estado necesita Chile? ¿Requiere una modernización?

La modernización del Estado, en primer lugar, tiene que ver con su visión de mundo. Debe tener claro que juega en el concierto internacional. Chile es un país pequeño, pero importante económicamente. En la historia ha realizado intentos soberanos y democráticos por dar un salto de realidad. Nuestro país se mira así mismo como uno que comprende que ha evolucionado lo suficiente como para igualarse a naciones desarrolladas. Entonces, la modernización del Estado debe estar a la altura de lo que es la llamada Aldea Global, porque Chile está inserto en ese escenario.

Estamos haciendo una especie de taco… Un Estado disociado que mira grandes cifras de crecimiento y no observa que la realidad del resto de los chilenos tiene que ver más bien con el desarrollo social. Este quiebre es el que nos llevó al 19 de octubre.

Entonces, el Estado debe ser moderno en sus relaciones sociales, fuertemente tecnológico, dotado de una capacidad técnica enorme que, creo, la tiene. Desde afuera nos miran con mucho respeto, porque tenemos gente muy bien preparada. El espíritu del siglo 21 corresponde a una ciudadanía totalmente empoderada.

Entiendo al Estado chileno administrando 4, 5, 6, 7 o más macro regiones, alcanzando un proyecto país que dé cuenta de esta nueva realidad. El Estado no puede seguir siendo centralizado. Se tiene que abrir a las regiones. Se da el absurdo que la mitad de la población está concentrada en Santiago… es inexplicable que haya fundiciones en la capital. La descentralización tiene como finalidad descomprimir incluso al Estado central. Entonces, se requiere un Estado Moderno, tecnológicamente bien dotado, con las capacidades técnicas que corresponden, descentralizado y desconcentrado.

Ahora bien, la descentralización no solo será de carácter administrativo, sino también económico. Cuando uno compara la capital con algunas ciudades de regiones, en cuanto a pobreza, Santiago está lejos en términos de desarrollo. Se asemeja a capitales de naciones desarrolladas y eso está bien. Pero las regiones, que producen gran parte del Producto Interno Bruto, merecen por lo menos un porcentaje decente, con tasas de  retorno mayores. El mundo desarrollado se mueve entre la autonomía regional y un país federado.

 

¿Cuáles son los recursos que deben otorgarse a las regiones, para evitar el excesivo centralismo y, así, dar soluciones más focalizadas y rápidas a la comunidad local?

Creo que el nuevo Estado debe liberar, también, esa condición altamente concentrada respecto a que las relaciones diplomáticas solo descansan en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Recuerdo, hace décadas, que sancionaron al alcalde Soria de Iquique porque construyó una carretera con recursos propios hacia Bolivia… Pero él veía que era un buen negocio para su ciudad y lo hizo.

Yo, desde Calama a Santiago en avión, demoro 2 horas 30 minutos. A La Paz me demoro 45 minutos. Esta cercanía permitiría desarrollar estrategias de desarrollo económico, geopolítico, beneficiando el intercambio comercial. El intercambio comercial podría ser mucho más fluido. Estamos a hora y media del norte argentino, una zona agrícola muy potente.

Frente a la realidad expuesta, el Estado debería delegar que las relaciones diplomáticas descansen en los gobiernos regionales. Es importante buscar nuevas áreas de desarrollo no solo en lo económico sino, también, en lo cultural. A veces, los pueblos avanzan más rápido que los propios Estados. En esto último, el proceso descentralizador nos va a permitir impulsar áreas que, desde el nivel central, a veces no se pueden ver.

A nivel energético, Bolivia es un gran productor. Tuvimos que comprar gas al otro lado del mundo teniendo a un vecino que lo produce. A lo mejor, si hubiésemos contado con un Estado descentralizado habríamos tenido mejores relaciones y, así, tener acceso a gas. En suma, podemos mejorar las condiciones para todos, mejorando también las regiones.

 

Se reveló  que uno de los temas que más apoyo tendrá en la nueva Asamblea Constituyente será la de limitar o prohibir la inversión extranjera privada en Chile. Lo anterior pareciera un tema complejo para el país en materia de producción y empleos ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

El Estado debe tener una economía mixta. Yo no me defino como independiente, soy regionalista y, como tal, comprendo que los estados deben tener una cuota libertaria y, en ese aspecto, el emprendimiento es notable. Creo que en el ámbito económico la inversión privada bienvenida sea mientras dé respuestas a las mayorías, aportando a las políticas públicas, al gobierno de turno y, al mismo tiempo, sometida al bien común… como lo hacen en sus países de origen. Para Chile el fijar estándares internacionales, por ejemplo el royalty; que nos dé la misma categoría de las naciones de las cuales vienen esas empresas. No pedimos más. Queremos igualarnos económicamente a las naciones desarrolladas. Lo merecemos.

Límites a la inversión privada, como un postulado, no. Diálogo sí, respecto a los aportes para Chile. Hoy, nuestra nación es espectacular para ellos, no hay regulaciones. Aun creando estos impuestos, que en otras naciones existen, esas empresas funcionan y con utilidades enormes. Nosotros, cada vez que dejamos escapar nuestra riqueza, dejamos escapar nuestro futuro. Creo que las grandes corporaciones van a seguir mirando con buenos ojos nuestro país.

 

En otro orden, actualmente en Chile existen los denominados quórums supramayoritarios usados para modificar las leyes orgánicas constitucionales, las leyes de quórum calificado, las que interpretan a la Constitución política y casos especiales. ¿Qué cambios deben realizarse?

No soy amigo de las leyes orgánicas… Hoy los dos tercios juegan a favor de los 17 millones de chilenos. Es decir, de nosotros depende crear una Constitución que dé respuesta armónica, pacífica y que establezca un nuevo pacto social.

Chile no tiene vocación revolucionaria, eso está en la historia. Este es un país civilizado. Los quorum venían a inhibir, a entrampar y, de alguna forma, era la medida jurídica que impedía dar un salto de cantidad y de calidad en nuestra legislación, y avanzar hacia un país más desarrollado. Dos tercios serán la cantidad necesaria para votar las disposiciones que van a estar en la Nueva Constitución, juegan a favor de los chilenos… nadie queda afuera. Con el tiempo, quienes se oponían, van a entender que era necesario. Nuevamente nuestro país será señero en tener una eco-economía, una eco-constitución. Se da está dando un salto enorme.

 

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