Entrevista

Derechos humanos, medio ambiente, Premio Nacional de Humanidades, formación de abogados, cultura y arte.

Hugo Llanos Mansilla, candidato al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2021: «se echa de menos, en el texto constitucional, disposiciones más explicitas referentes al Medio Ambiente».

Llanos afirma que «la posibilidad que tuvo Chile de ser sede de la Cop 21 nos involucró a todos, autoridades y  población, en la responsabilidad de ser respetuoso de un medio ambiente sano, limpio saludable y sostenible. Hubo en todos los chilenos la conciencia de ser actores de un gran congreso ambiental y de exponer, al escrutinio de la comunidad internacional, nuestro comportamiento en el cuidado del medio ambiente».

16 de junio de 2021

Por Elke von Loebenstein M.

En una entrevista realizada a Hugo Llanos Mansilla, académico de la Facultad de Derecho y Humanidades de la Universidad Central, destacamos su extensa trayectoria en la defensa de los Derechos Humanos, el medioambiente, la aplicación del  Derecho Internacional y la defensa de los intereses de Chile en la materia.

Una vida al servicio del país y de la búsqueda de instrumentos para el bien común en materias como los Derechos Humanos, el derecho a la alimentación, además de la promoción y defensa de los intereses marítimos de Chile, son parte de los valores que representa el candidato al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2021, el académico y LLM en Derecho Internacional, Hugo Llanos Mansilla.

El profesor es promovido por la Universidad Central de Chile y cuenta con el apoyo de diversas instituciones, autoridades y prestigiosas personalidades, tanto a nivel nacional como internacional, del mundo público y privado, académico, político y cultural. Tales como la Asociación de Diplomáticos en Retiro; la Comisión Permanente del Pacífico Sur; el Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional (España); embajadores, políticos e universidades.

¿Qué opina de la defensa de los Derechos Humanos en nuestro país? ¿Se han logrado avances en este sentido? 

En primer lugar constato el conocimiento y la sensibilidad que tiene al respecto toda la comunidad nacional. Hay un gran avance, ya que no pasa desapercibida en la conciencia nacional la violación que se hace de ellos y la activa labor que realizan las organizaciones nacionales e internacionales competentes para fiscalizar y denunciar toda infracción cometida. Pero en una democracia en que funcionan con independencia los tribunales de justicia, debemos esperar  lo que resuelvan éstos y desprendernos, en lo posible, de la carga emocional que nos hace imputar responsabilidades de inmediato, sin esperar el debido proceso legal. También quisiera que, así como reclamamos derechos, cumplamos con nuestra obligaciones como por ejemplo, el ejercicio de nuestros deberes cívicos, como sufragar, que es una condición básica para fortalecer nuestras instituciones democráticas.

En cuanto a la promoción de un medioambiente saludable, ¿qué avances ha tenido nuestro país? ¿Qué no se ha hecho bien? ¿Se ha aplicado correctamente el Derecho Internacional y la defensa de los intereses de Chile en la materia?

La posibilidad que tuvo Chile de ser sede de la Cop 21 nos involucró a todos, autoridades y  población, en la responsabilidad de ser respetuoso de un medio ambiente sano, limpio saludable y sostenible. Hubo en todos los chilenos la conciencia de ser actores de un gran congreso ambiental y de exponer, al escrutinio de la comunidad internacional, nuestro comportamiento en el cuidado del medio ambiente. Se divulgaron profusamente los objetivos del Acuerdo de París del 2015 -debo enfatizar que el aporte chileno a los GEI  (gases de efecto invernaderos), causantes del calentamiento global es muy pequeño-, por lo que nuestra responsabilidad ambiental al respecto, no es significativa.

La contribución de nuestro país para conseguir los objetivos del Acuerdo de París para evitar que aumente la temperatura para el 2100 sobre 2º C., ha sido adecuada. Algunos ejemplos: la ley que está próxima a ser aprobada por el Congreso chileno sobre el cambio climático es un aporte; la descarbonización energética es un avance; los buses y autos eléctricos han empezado a ser familiares en nuestras carreteras; la energía solar también; el avance de las energías renovables se expande; la utilización del hidrógeno verde como fuente de energía es preocupación de nuestras autoridades y acapara la atención de los medios; la forestación se impone como tarea nacional; la protección de los glaciares que se discute en el Congreso es relevante; la legislación sobre la bolsas plásticas y el plástico de un solo uso y desechables es significativo, etcétera.

La ratificación de Chile al Protocolo de San Salvador, Protocolo Adicional a la Convención Americana de Derechos Humanos, de 1988, que se refiere a la protección de los derechos económicos, sociales y culturales en el sistema interamericano de derechos humanos y el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública, Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, llamado Acuerdo de Escazú, están aún al debe. Como lo están también el derecho al agua y el derecho a una alimentación adecuada que deben ser incorporados en nuestra Carta Fundamental, como lo están en muchas Constituciones latinoamericanas.

También se echa de menos, en el texto constitucional, disposiciones más explicitas referentes al Medio Ambiente, como las siguientes que deberían incorporarse en la nueva Constitución Política:

– “Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. Es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza.

– El derecho a un medio ambiente sano es un derecho humano fundamental y esencial para el disfrute y ejercicio de los demás derechos humanos.

– La degradación del medio ambiente afecta la efectividad de los derechos humanos.

– El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque, además de la obligación de mitigar y reparar los daños que ha causado y, en lo posible, restaurar la situación antes existente.

– La responsabilidad por daños ambientales es objetiva.

– En caso de duda sobre el alcance de las disposiciones legales en materia ambiental, éstas se aplicarán en el sentido más favorable a la protección de la naturaleza”.

Cuéntenos sobre su postulación al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2021: ¿cómo ha sido el proceso?

Fue una total sorpresa para mi que la Universidad Central me postulara, como institución, a este prestigioso premio. Como docente uno trabaja cumpliendo su vocación y está muy metido en su mundo académico, preparando clases o escribiendo libros y/o artículos sobre su especialidad. Apenas se presentó mi postulación han sido tantas las adhesiones recibidas y los testimonios que las acompañan, que me he sentido abrumado por la generosidad y afecto manifestados por tantos/as personas.

¿Qué se siente al contribuir a la formación de abogados y abogadas con 7.120 páginas publicadas en 13 libros que se leen en facultades de Derecho en toda Latinoamérica?

Siento la satisfacción de haber sembrado semillas que germinaron en muchos centros de estudios y haber contribuido, modestamente, en la formación de generaciones de estudiantes y profesionales y haberles abierto, a través del Derecho Internacional, una ventana para un mejor conocimiento de las instituciones de la comunidad internacional.

Sabemos que le gusta la cultura y las artes,  ¿qué es lo que más le apasiona en estas materias? ¿Cuál es el rol del humanista en estos tiempos?

En la sociedad contemporánea, debido  a modelos capitalistas y marxistas, la economía es el centro de todo, su protagonista principal. El pensamiento crítico, el goce de la lectura y la escritura, el apasionamiento con el que encontramos el conocimiento en un poema, en una novela, en una obra de teatro en los diferentes lenguajes, aquello que nos permite volver a vivir vidas e historias que otros han registrado, documentado, no tiene un valor en las cadenas productivas. Sin las Humanidades estaríamos encerrados en el presente, en la inmediatez del gasto, en la amnesia de la productividad, el consumo y la acumulación.

Pero en una economía que incluye las artes, el patrimonio cultural, el diseño, el teatro, la música, el turismo cultural, derechos de autor, etcétera -como sucede en las economías desarrolladas- el aumento del porcentaje del PIB es cada vez más significativo.

La cultura es necesaria para disminuir la violencia juvenil, para respetar el medio ambiente en ciudades más verdes, para mejorar la salud física y mental de sus habitantes, para entender la diversidad y el aporte de los inmigrantes, para la mejorar la  convivencia con  etnias y religiones diferentes, en fin, para vivir un mundo pluralista y vivir en paz y armonía con todos/as.

No somos nada si el ser humano no aprende a ser más humano, a aspirar a vivir en un mundo mejor, sin violencia, a contribuir a erradicar el egoísmo, la indiferencia ante la pobreza y el sufrimiento de los grupos más vulnerables de la sociedad.

La cultura debe estar en el centro del desarrollo de los pueblos. Como dijo Nietzsche: sin música la vida sería un error.

 

 

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