Opinión.
Publican «Quiero hablar con mi abogado: el origen de la doctrina Miranda».
Cuando se relativiza sobre el derecho de defensa en el proceso penal, estamos, sin darnos cuenta, de forma paulatina- cerrando la puerta de nuestra libertad y dinamitando las bases de una democracia asentada en el respeto a la ley.

En una publicación española se da a conocer el artículo “Quiero hablar con mi abogado: el origen de la doctrina Miranda”. Se relata que el día 13 de marzo de 1963 Ernesto Miranda fue detenido por el Departamento de Policía de Phoenix (Arizona) acusado de haber robado a punta de pistola ocho dólares a un empleado de banca. Los agentes de policía no le advirtieron del derecho a no declarar y a no auto-incriminarse que le reconocía la Quinta Enmienda de los Estados Unidos. Tampoco le informaron de su derecho a ser asesorado por un abogado.
Después de más de dos horas de interrogatorio, continúa el texto, Ernesto acabó derrumbándose y confesó no sólo el robo, sino también el secuestro y la violación de una joven de dieciocho años.
Durante el desarrollo del juicio, la Fiscalía exhibió la declaración firmada por el acusado en la que asumía los tres delitos “sin amenazas, coerción o promesas de inmunidad, y con pleno conocimiento de mis derechos legales”.
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