Diario Constitucional

Opinión.

Escriben: «Daños al consumidor. La valoración restrictiva de su culpa como eximente de responsabilidad del proveedor».

Se destaca que al principio protectorio y a la regla hermenéutica de interpretación a favor del consumidor, debe valorarse con criterio restrictivo la culpa del consumidor como factor que permite al proveedor eximirse de responsabilidad por daños.

Por Redacción·21 de abril de 2019·4 min de lectura
Escriben: «Daños al consumidor. La valoración restrictiva de su culpa como eximente de responsabilidad del proveedor».
Referencial

Recientemente, la autora argentina Julieta B. Trivisonno publicó un análisis sobre el consumidor como víctima de daños en el marco de la relación de consumo, mediante un breve recorrido por algunas de las soluciones jurisprudenciales más relevantes en torno a la problemática.

En el documento, se comienza reflexionando sobre la culpa o el hecho del consumidor. Al respecto, señala que su valoración es restrictiva, señalando que no cualquier hecho que a él se le impute tenga carácter interruptivo del nexo causal, sino que será necesario que pueda equipararse a la configuración del caso fortuito externo. Es decir, que el hecho del consumidor deberá ser imprevisible, inevitable y ajeno al proveedor. De acuerdo con este último extremo, el hecho debe ser extraño al presunto responsable no sólo por producirse fuera de su esfera de actuación -por la cual deba responder, sino que también debe ser extraño al riesgo de la cosa o actividad desplegada.

Luego, se explica la valoración de la conducta del consumidor en el marco general de la obligación de seguridad, a través del rol de la jurisprudencia. En ese sentido, cita a la Corte Suprema de Argentina que en uno de sus fallos estimó que no corresponde pretenderse del consumidor un idéntico nivel de diligencia que aquel exigible a quien celebra un contrato comercial. Se realiza una interesante comparación entre la conducta esperable de un comerciante y de un consumidor en el marco de un contrato de transporte. Así, se observa que “Un comerciante exigiría a un colega una serie de pruebas y de información para celebrar un contrato de transporte de mercaderías valiosas, y si no lo hace, no podrá invocar su propia torpeza. En cambio, el usuario de un servicio de subterráneos, que sale del vagón rodeado de gente, sin poder ver siquiera el piso, apretujado y empujado hacia la salida, no puede desempeñar el mismo estándar de diligencia”. Esta comparación permite visibilizar en forma casi gráfica la necesidad de valorar la conducta del consumidor con una vara menos estricta, en tanto las circunstancias en que se desarrolla la relación de consumo modifican sustancialmente los niveles de diligencia razonablemente exigibles. Se tiene en cuenta la visión relacional o contextual que define a la relación de consumo. Ahondando en este razonamiento, la Corte agrega que “Sería contrario a las costumbres y hasta absurdo que antes de subir [el consumidor] exigiera información sobre las medidas de seguridad que tiene el vagón, o en los momentos previos al descenso interrogara al guarda, que tampoco suele estar presente, sobre los riesgos que existen en ese acto”.

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