Opinión.
Somos presa de lobos artificiales. ¿Por qué una Constitución de la Tierra?, traducción de Hernán Gómez Yuri, egresado Derecho U.Chile.
Un constitucionalismo de la Tierra es posible. A su favor, además del realismo y la razón, hay una novedad. Por primera vez en la historia la humanidad está unida por un interés público general, mucho más amplio y vital que todos los intereses públicos del pasado: el de todos en la supervivencia de la humanidad y la habitabilidad del planeta.

*Traducción de Hernán Gómez Yuri
Hay problemas globales que no forman parte de la agenda política de los gobiernos nacionales, aún cuando de su solución depende la supervivencia de la humanidad: salvar el planeta del calentamiento global, los peligros de los conflictos nucleares; el crecimiento de las desigualdades y las muertes, cada año, de millones de personas por falta de alimentos básicos y de medicamentos; la tragedia de cientos de miles de migrantes, cada uno de los cuales huye de un problema sin resolver.
Estos problemas no son, ni pueden ser abordados por políticas nacionales, inertes e impotentes por estar ancladas a los espacios estrechos de las circunscripciones electorales y a los tiempos breves de las elecciones y las encuestas. Y, sin embargo, es cierto que 7 mil 700 millones de personas, 196 Estados soberanos, diez de los cuales tienen armas nucleares, un capitalismo voraz y depredador y un sistema industrial ecológicamente insostenible, no pueden sobrevivir por mucho tiempo.




