Opinión.
Se cumplen 50 años del fallecimiento de Luis Jiménez de Asúa, uno de los más grandes penalistas del siglo XX.
Fue él quien presidiera la Comisión parlamentaria para la elaboración de la Constitución de la II República, aprobada en 1931, un texto de indudable valor.

En una reciente publicación del medio español Confilegal, se da a conocer el artículo «Recuerdo de Luis Jiménez de Asúa en el 50 aniversario de su fallecimiento», de Manuel Jaén, magistrado, quien sostiene que es uno de los más grandes penalistas del siglo XX, a la par que ilustre socialista, en su acepción más tradicional y humanista, de compromiso con la causa de la libertad y la democracia, fallecido en la ciudad de Buenos Aires, sin poder llegar a cumplir su permanente deseo de regresar a España, luego de su largo exilio, en el que llegó a ser Presidente de la República Española.
Sus restos fueron repatriados en 1991, gracias a las gestiones del entonces ministro de Justicia D. Enrique Múgica Herzog, concediéndosele entonces, a título póstumo, la medalla al mérito constitucional, muy merecidamente.
Recuerda que fue él quien presidiera la Comisión parlamentaria para la elaboración de la Constitución de la II República, aprobada en 1931, un texto de indudable valor, defendido por D. Luis, con la elocuencia que le caracterizaba, como nos lo relata Juan Simeón Vidarte (primer secretario del Congreso de Diputados, en su obra sobre Las Cortes Constituyentes de 1931-1933, Barcelona, Buenos Aires, México, 1976).
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