Diario Constitucional

Recurso de casación acogido.

En el delito de falsificación de moneda, la imitación de la original debe ser lo suficientemente parecida para engañar al hombre medio, resuelve Tribunal Supremo de España.

Se hacía necesario que se determinara de manera clara, precisa y concluyente que, fuera de ese contexto defraudatorio automatizado, la apariencia de las piezas fabricadas era similar a la de las monedas de dos euros hasta el punto de poder engañar, en el tráfico económico, sobre su genuinidad a una persona media.

Por Redacción·15 de abril de 2023·4 min de lectura
En el delito de falsificación de moneda, la imitación de la original debe ser lo suficientemente parecida para engañar al hombre medio, resuelve Tribunal Supremo de España.
Referencial

El Tribunal Supremo de España acogió un recurso de casación interpuesto en contra de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que condenó prisión a un hombre por los delitos de falsificación de moneda y de estafa, absolviéndolo por el primer ilícito.

El recurrente alegó que se falló vulnerando la presunción de inocencia y con error en la valoración de la prueba, ya que si bien fabricó en su domicilio piezas metálicas para introducirlas en las maquinas expendedoras de las estaciones del Metro de Madrid para luego pulsar el botón de anulación de la operación, consiguiendo así que la máquina, al confundir las piezas, le entregara en cada ocasión una moneda de dos euros, cuya suma defraudada en total a Metro de Madrid ascendió a 5000 euros, de acuerdo con el informe pericial del Banco de España, dichas piezas no cumplen con las especificaciones técnicas de las monedas de dos euros, sin que presenten, tampoco, ningún relieve reconocible de dichas monedas. Los propios empleados de la empresa METRO que testificaron en el acto del plenario también precisaron que, a simple vista, se detectaba con toda facilidad que las piezas metálicas no eran monedas de dos euros de curso legal, por lo que era una burda manipulación incapaz, de engañar a nadie.

El máximo Tribunal refiere que, “(…) desde la presunción de inocencia identificamos con meridiana claridad el gravamen. En un doble sentido: primero, porque ni la sentencia recurrida ni la de instancia analizan de manera completa todo el cuadro de prueba ni atribuyen de manera razonada de entre todas las informaciones probatorias en liza cuál de ellas debía tener valor prevalente para determinar la idoneidad falsaria de las piezas metálicas utilizadas en la defraudación exigida por el artículo 386 CP. Segundo, lo que resulta aún más significativo, porque en los hechos que se declaran probados no se afirma que las piezas utilizadas fueran similares a las monedas de dos euros de curso legal hasta el punto de poder pasar como auténticas para la persona media.”

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