Opinión.
¿Cómo se produjo la humanización de la justicia divina: su trascendencia penal y penitenciaria?, por Javier Nistal Burón.
El pecado y el delito durante mucho tiempo estuvieron identificados, siendo difícil deslindar el uno del otro, pues tanto el pecado, como el delito contravienen un mandato moral; en el caso del pecado ese mandato moral es para con Dios y, en el caso del delito, dicho mandato es para con los hombres. Javier Nistal Burón explica en su artículo cómo la justicia divina se convirtió en humana.

En una reciente publicación del medio español Confilegal se da a conocer el artículo ¿Cómo se produjo la humanización de la justicia divina: su trascendencia penal y penitenciaria?, por Javier Nistal Burón, Jurista del Cuerpo Superior de Instituciones Penitenciarias. Ha sido director general de Ejecución Penal y Reinserción Social de Instituciones Penitenciarias.
El pecado y el delito durante mucho tiempo estuvieron identificados, siendo difícil deslindar el uno del otro, pues tanto el pecado, como el delito contravienen un mandato moral; en el caso del pecado ese mandato moral es para con Dios y, en el caso del delito, dicho mandato es para con los hombres.
Ambos mandatos -divino y humano- aparecen codificados en el decálogo de Moisés, que Dios le entregó a éste en dos Tablas en el monte Sinaí.
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