Diario Constitucional

IA y neurotecnología reguladas

UNESCO aprueba primer marco global para regular la neurotecnología y consagra la inviolabilidad de la mente humana

Busca proteger la privacidad mental y evitar riesgos éticos asociados al uso de dispositivos capaces de registrar o modificar la actividad cerebral. Alerta sobre la vulnerabilidad de los “neurodatos”, la exposición de niños y jóvenes, y el peligro de que la inteligencia artificial amplifique la manipulación de la mente humana.

Por Redacción·11 de noviembre de 2025·3 min de lectura
Imagen: es.wired.com
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La UNESCO aprobó el primer marco regulatorio mundial destinado a garantizar la ética, la seguridad y la protección de los derechos humanos en el uso y desarrollo de tecnologías que acceden al cerebro humano. El organismo advirtió que, ante el rápido avance de esta disciplina, resulta imprescindible establecer normas que prevengan abusos capaces de poner en riesgo la privacidad mental, el desarrollo cognitivo y la igualdad entre países.

La neurotecnología tiene el potencial de definir la próxima frontera del progreso humano, pero no está exenta de riesgos. Con la adopción de este nuevo instrumento normativo, la UNESCO establece límites claros y consagra la inviolabilidad de la mente humana. Este texto encarna una profunda convicción: que el progreso tecnológico solo vale la pena si está guiado por la ética, la dignidad y la responsabilidad hacia las generaciones futuras, se afirma.

La Organización define la neurotecnología como el conjunto de dispositivos, sistemas y procedimientos que “miden, acceden, monitorean, analizan, predicen o modulan directamente el sistema nervioso” con el fin de comprender, influir o restaurar su actividad. Si bien reconoce su valor terapéutico —como en tratamientos para el Parkinson o la depresión—, la UNESCO advierte que su uso se ha extendido más allá del ámbito clínico, en sectores donde aún no existen marcos regulatorios claros.

Cada vez más, sistemas neurotecnológicos se integran en productos de consumo masivo, como relojes, auriculares o gafas inteligentes, que registran niveles de estrés, sueño o atención. Estas tecnologías procesan datos neuronales y del sistema nervioso que, según el organismo, “son altamente sensibles, pues pueden revelar pensamientos, emociones y reacciones, y compartirse sin consentimiento”, ya que se generan de manera inconsciente.

Ante esta situación, el marco aprobado insta a los gobiernos a diseñar políticas públicas que garanticen la inviolabilidad de la mente humana. Se deben proteger las emociones, los sentimientos y los pensamientos de las personas. Hay que saber quién utilizará esta información y con qué propósito. Estamos hablando de la comercialización de los datos más íntimos sobre nosotros. Estos neurodatos deben permanecer protegidos; de lo contrario, se podrá inferir nuestro estado mental, se sostiene.

El documento resalta la urgencia de abordar los desafíos éticos derivados de la integración entre neurotecnología e inteligencia artificial. La UNESCO advierte que los sistemas neuronales se apoyan cada vez más en algoritmos y modelos de aprendizaje automático que reducen costos y mejoran la eficiencia, pero que, sin regulación, pueden generar riesgos graves como la vigilancia arbitraria, la manipulación mental o la falta de transparencia en el uso de los datos.

Asimismo, la Recomendación alerta sobre las repercusiones del uso no terapéutico de estas tecnologías en el desarrollo de niños y adolescentes, recordando que el cerebro humano alcanza su madurez entre los 25 y 30 años. De allí que el uso de dispositivos o programas neuronales antes de esa edad implica el riesgo de afectar la identidad futura del joven, con consecuencias duraderas o incluso permanentes, señala el texto.

Pese a estos riesgos, la UNESCO reconoce el enorme potencial positivo de la neurotecnología para mejorar la salud y la calidad de vida de millones de personas. No obstante, enfatiza la necesidad de garantizar un acceso equitativo, advirtiendo que el desarrollo desigual de estas tecnologías podría profundizar las brechas sociales y económicas existentes.

Según un informe de la propia organización, entre 2013 y 2023 la inversión pública en neurotecnología superó los 6.000 millones de dólares, mientras que la inversión privada alcanzó los 7.300 millones. Durante el mismo periodo, las publicaciones científicas sobre neurociencia se multiplicaron por 35 y las innovaciones tecnológicas por 20. Sin embargo, solo 10 países concentran más del 80% de las investigaciones de alto impacto y seis naciones poseen el 87% de las patentes registradas, lo que plantea el riesgo de una “neurobrecha” entre países ricos y en desarrollo.

La Recomendación entrará en vigor el próximo 12 de noviembre. El texto fue elaborado por un comité internacional de expertos encabezado por Hervé Chneiweiss, director del Laboratorio de Neurociencias París-Sena-IBPS, y Nita Farahany, catedrática de Derecho y Filosofía en la Universidad de Duke.

Vea texto de la Recomendación.

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