Transición energética en debate
Países alcanzan acuerdo en la COP30 que no contempla consenso sobre combustibles fósiles
El Paquete de Belém introduce nuevas directrices para reforzar la resiliencia y orientar los próximos planes climáticos nacionales. La ausencia de compromisos de mitigación más firmes generó inquietud entre comunidades expuestas y Estados insulares, que advierten riesgos para el límite de 1,5 °C. El acuerdo final destaca por su énfasis financiero, pero deja pendientes las decisiones sobre la transición energética.

En la cumbre climática COP30, realizada en Belém (Brasil) los gobiernos asistentes aprobaron el denominado Paquete de Belém, un conjunto de decisiones que refuerza la adaptación al cambio climático y establece la necesidad de aumentar significativamente los recursos destinados a los países con mayor exposición a sus impactos. Cerca de 200 partes respaldaron este resultado en la sesión final del encuentro.
El acuerdo sitúa la adaptación y la resiliencia como elementos centrales del proceso impulsado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Entre las disposiciones destacadas figura la referencia al Objetivo Mundial de Adaptación y a una agenda ampliada que busca promover iniciativas locales, como la agricultura con enfoque resiliente y proyectos basados en la protección de ecosistemas.
No obstante, las discusiones para alcanzar una propuesta consensuada sobre la reducción del uso de combustibles fósiles no lograron avanzar. Tras varios días de negociaciones, el documento adoptado no incluye menciones específicas a una transición orientada a abandonar el carbón, el petróleo o el gas. La falta de acuerdo se atribuyó a la resistencia de grandes productores energéticos y a las demandas de países en desarrollo, que condicionaron su apoyo a garantías adicionales en materia financiera.
Organizaciones vinculadas a los derechos humanos señalaron que, sin metas claras de mitigación ni fondos suficientes para la adaptación, podrían aumentar los riesgos para comunidades expuestas a fenómenos como inundaciones, sequías o desplazamientos. Desde los pequeños Estados insulares, representantes advirtieron que sin una estrategia de salida para los combustibles fósiles se compromete el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C, establecido en el Acuerdo de París.
En las inmediaciones de la cumbre se registraron movilizaciones de grupos juveniles, movimientos indígenas y organizaciones ambientales, que valoraron el impulso financiero para la adaptación, pero recalcaron la ausencia de una orientación global respecto al futuro de los combustibles fósiles. Estas agrupaciones consideraron esencial que los compromisos asumidos se traduzcan posteriormente en políticas nacionales efectivas.
Aunque el Paquete de Belém no modifica las disposiciones del Acuerdo de París, sí orientará su puesta en práctica al definir expectativas para los planes climáticos nacionales, las estrategias de resiliencia y la asignación de recursos. En su intervención inaugural, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo que la legitimidad del proceso dependerá de que los países conviertan los acuerdos alcanzados en normas y presupuestos concretos en sus respectivas jurisdicciones.
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