Insolvencia y liquidación
A propósito de la nueva ley de reorganización y liquidación.
El anterior procedimiento de quiebras es un hospital al que ningún enfermo quiere ir, ya que de ese hospital no hay enfermo que salga con vida.
Desde antes del año 2010, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), había advertido sobre la necesidad imperiosa para las economías de agilizar los trámites para crear empresas y para cerrarlas por medio de un procedimiento de insolvencia.
Más allá de las dificultades en la creación de las empresas, el mayor problema de Chile, y del resto del mundo en general, consiste que en promedio uno de cada diez emprendimientos tiene éxito, es decir, un tasa del 10%. En base a esta estadística, parte de la doctrina indica que la dictación de esta ley se basa en un mal pronóstico, ya que sólo 1 de cada 10 empresas prospera, de manera que con las restantes 9 no es posible reorganizar la deuda y se debe proceder derechamente a la liquidación.
La tesis planteada es errónea, ya que si bien se estima que cerca de un 90% de emprendimientos fracasa, muchos de ellos no son sometidos a procedimiento concursal, ya que no necesariamente fracasan por pérdidas que los lleven a un estado de insolvencia, sino que por una multiplicidad de factores como: falta de entendimiento entre los socios, dificultades administrativas no previstas, dificultades de proveedores no previstas, incorrecto o inexistente estudio de mercado, pequeños emprendimientos sin forma de sociedad, entre otros.



