Diario Constitucional

Límites al poder político

Asimov y la Constitución.

Históricamente las constituciones, como reacción al “Antiguo Régimen”, pretendieron prioritariamente contener al (nuevo) Poder dentro de límites precisos y acotados. Para ello emplearon diversas técnicas tales como la división de poderes y los derechos de las personas. No en vano la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), en su artículo 16, planteó tajantemente que “Una sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene Constitución”.

12 de noviembre de 2021·5 min de lectura
imagen: delajusticia.com
Referencial

Isaac Asimov, en su libro “The Stars, Like Dust” (1951), con el cual comienza su “Trilogía del Imperio Galáctico”, y que ha sido publicado en lengua castellana con los títulos “Rebelión en la Galaxia” y “Polvo de Estrellas”, aborda un aspecto jurídico de primer orden, en especial para el Derecho Público: el fin e importancia de las constituciones.

El libro, en síntesis, narra la historia de la Humanidad en un futuro muy lejano, en el cual ésta se ha extendido por la Galaxia, colonizando gran cantidad de planetas. Entonces, la Tierra es habitable sólo en forma parcial, ya que a consecuencia de una guerra nuclear gran parte de ella fue contaminada con radioactividad.

Los planetas son gobernados por los “tyrannios” desde su planeta, “Tyrann”, y lo hacen directamente o a través de “gobernantes”, esto es, quienes eran tales antes de la conquista por aquéllos y que, para mantenerse formalmente en sus puestos, han aceptado ser ejecutores de sus designios, bajo nombres diversos tales como khanes, autarcas, directores y rancheros.

Comentarios (1)

  1. Marcello Sasso

    Interesante columna de Cristián Román. Da la impresión, al final, de estar escuchando o leyendo a Eduardo Soto Kloss, casi en forma literal, aunque no es citado, ni aludido, en la autoría de algunas ideas aquí expuestas. Por cierto, no era ni siquiera necesario, porque es de sobra conocido, para cualquier lector, el origen de tales ideas. Sin embargo, no era necesario tampoco recurrir a Isaac Asimov, hombre culto, sin duda, pero no experto en temas jurídicos, para llegar a la conclusión de la existencia de la «regla de oro», como fue bautizada por Soto Kloss, en los textos constitucionales chilenos que son mencionados., y de allí afirmar que la misma sería «el arma más poderosa del universo». El mensaje, claro está, es una advertencia a la actual Convención Constitucional, y sus pretensiones, cuestión que dejo de lado por ahora. Sólo me limito a destacar que los derechos fundamentales, contra lo que cree el autor de la columna, no son meros límites al (nuevo) poder (de la constitución). También podrían ser considerados como su fundamento o sustento, y la literatura contractualista moderna abunda en ese alcance, que el autor de la columna omite del todo, sin mayor explicación. Espero que esa omisión pueda ser subsanada en una próxima columna por el autor, o a lo menos nos entregue una opinión del motivo por el cual es omitida. Saludos!

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