Artículos de Opinión

Política y Politiquería.

La politiquería es la degeneración de la política: el aprovechamiento egoísta del poder o de la posición pública para fines de su vanidad o empobrecimiento.

En forma un tanto prematura se ha iniciado en nuestro país la faz agonal de la política en pos del sillón presidencial.

Las colectividades partidarias ya se han desinteresado del quehacer del gobierno que termina su mandato y proyecta su acción al futuro: “A Rey muerto Rey puesto”.

Se puede advertir que entre los pre-candidatos figuran dos ex presidentes de la República y que la actual mandataria también ha ejercido dicho cargo anteriormente.

Con ello queda de manifiesto que la plana mayor de la clase política no se ha renovado, tanto en los sectores tradicionales como en los más progresistas no emergen figuras de recambio.

Pero hay más, el rechazo que se percibe en la ciudadanía, por la actividad política, se exterioriza en la preferencia que según  las encuestan recibe  un    postulante al cargo de Presidente de la República por el sólo hecho de su aparente desvinculación con la militancia política.

De esta suerte, se ha retornado a la época en que la autoridad usaba peyorativamente la locución “señores políticos”.

Una vez más se incurre en el error conceptual que confunde “política”  con la  “politiquería”.

Históricamente la política tiene una misión noble de consagración al interés nacional y de servicio a los demás.

Efectivamente, a nivel gubernamental la política es la actividad ejercida por los órganos del Estado para procurar el bien común  o interés público.

La politiquería, en cambio, es la degeneración de la política: el aprovechamiento  egoísta del poder o de la posición pública para fines de su vanidad o empobrecimiento.

“Se desenvuelve en medio de la maquinación ruin, la vulgaridad, el mimetismo, los tránsfugas, la ausencia de ideas y la carencia de ideales. Allí se agota su acción de politiquero. El altruismo de la política es suplantado por el egoísmo de la politiquería” (Rodrigo Borja.)

Por cierto que la confusión ciudadana entre ambos conceptos es en extremo peligrosa para la estabilidad democrática. Uno de ellos –no menor- es el “populismo” calificado por algunos como el “hechicero del siglo XX”.

Esperamos que por lo menos en nuestro país el fenómeno no se proyecte en el presente siglo (Santiago, 18 enero 2017)

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