Artículos de Opinión

Por un Proceso Constituyente del Poder Constituyente.

Si en algún momento el poder constituyente recayó en una persona, hoy no cabe duda que la titularidad del mismo está radicada en el pueblo, estableciéndose -incluso- como una de sus limitaciones la imposibilidad de ser traspasado a un individuo o a un grupo de personas.

La contundente victoria del apruebo y de la convención constitucional representa algo más que un triunfo electoral. Es la voz de un país que soberanamente decidió abrir un proceso constituyente, democrático y participativo, para delinear su nueva hoja de ruta que, hasta ahora, le había sido impuesta.

En estos días post plebiscito se ha hablado mucho que para elaborar el nuevo texto constitucional hay que tomar en cuenta las fechas (impuestas), las reglas para elegir los constituyentes (impuestas) y su cantidad (impuesta), como si se tratara de un proceso estático y constituido, como si se tratara de una nueva ley. En esta breve columna, quisiera hacer una pausa y detenerme en qué significa lo que estamos viviendo como sociedad.

Como ya se adelantó, este domingo presenciamos la manifestación del “poder constituyente”, terminología del derecho político elaborada para definir la facultad o capacidad para dictar una Constitución. Esta aptitud, dependiendo de la época, ha estado concentrada en distintas personas o instituciones. Por ejemplo, durante el Renacimiento la titularidad de este poder le correspondía al Rey.

Sin embargo, desde la irrupción del constitucionalismo clásico (fines del siglo XVIII) la titularidad del poder constituyente se radicó en el pueblo. Entre los teóricos que desarrollaron esta doctrina encontramos a Locke, Rousseau y Sieyès. Dentro los principales hitos de este nuevo paradigma está lo acontecido durante la Revolución Francesa o los Estados Unidos (en 1787) al señalar en su Carta Magna: “Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos…proclamamos e instituimos esta Constitución para los Estados Unidos de América”.

Es cierto, los ejemplos citados no son la manifestación pura de participación ciudadana, pero sí un avance concreto en el modelo democrático, que constituyó la base para que hoy se conciba el poder constituyente como la suprema capacidad y dominio del pueblo sobre sí mismo para darse, por su propia voluntad, una Constitución. De esta forma, si en algún momento el poder constituyente recayó en una persona, hoy no cabe duda que la titularidad del mismo está radicada en el pueblo, estableciéndose -incluso- como una de sus limitaciones la imposibilidad de ser traspasado a un individuo o a un grupo de personas.

Lo anterior es importantísimo pues cuando hablamos de convención constitucional (para el caso chileno), nos estamos refiriendo al medio utilizado para expresar el poder constituyente y en ningún caso, una delegación del mismo.

Teniendo claro lo anterior, el mecanismo para elaborar la nueva Constitución no es baladí y, por lo mismo, toda propuesta que busque limitar la participación ciudadana o reducirla únicamente al acto de sufragar por una o un convencional, es una propuesta que desnaturaliza el proceso constituyente.

Estamos cruzando una de las peores crisis de representatividad y legitimidad en las instituciones de la historia de nuestro país, razón por la cual el poder constituyente ha tenido que pronunciarse para elaborar una nueva carta fundamental que nos represente a todas y a todos. Si nos tomamos en serio la crisis que estamos viviendo y realmente queremos una solución que nos permita avanzar, se vuelve imperativo estructurar un proceso constituyente cuyos ejes sean la participación ciudadana directa, la publicidad, la transparencia e inclusión y que la convención constitucional, con sus 155 representantes, sea el órgano encargado de plasmar en un proyecto de Carta Fundamental la voluntad soberana del pueblo de Chile, recogida de una discusión masiva, territorial y obligatoria, entendiéndose que se trata de una construcción democrática de un pueblo para sí mismo y no un botín de unos pocos.  (Santiago, 29 octubre 2020)

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  1. Una sola camara de legisladores, con represaentacin del 1 por millon de habitantes, y sin remuneracion, como los bomberos.
    Para evitar que sigan robandonos ,