Opinión.
Filiberto de Saboya se encomienda a Estrasburgo tras la derrota en los tribunales italianos para recuperar el fabuloso joyero de la familia real, por Eduardo Álvarez.
La familia Saboya no se rinde en su intento por recuperar el legendario joyero real depositado en el Banco de Italia desde 1946. Tras un fallo desfavorable en los tribunales italianos, acudirán al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en busca de justicia y restitución, mientras el misterio y la disputa sobre la propiedad de las joyas avivan una saga de poder, historia y dinastía.

Nada detendrá a la rama de la familia real italiana encabezada hoy por el camaleónico príncipe Filiberto de Saboya en su lucha judicial para tratar de recuperar el fabuloso y misterioso joyero de la dinastía cuyas piezas no ha podido ver prácticamente nadie desde hace 75 años, algo que no hace sino sumar chorros de leyenda a esta historia. Y es que el único hijo del fallecido Víctor Manuel -único descendiente de Humberto II, último rey del país transalpino- y sus tres tías paternas -las princesas María Pía, María Gabriela y María Beatriz-, aunque acaban de recibir un duro revés de la Justicia italiana donde se dirimía la demanda que interpusieron en 2021 para obtener las joyas que permanecen custodiadas en el Banco nacional, ya han anunciado a través del abogado que les representa que llevarán el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Los Saboya tienen la esperanza de que la Corte supranacional sea más proclive a sus intereses, y sueñan con un futuro fallo de restitución de bienes a la familia en línea con históricas sentencias del mismo Tribunal en los últimos años que han beneficiado a otros miembros de dinastías destronadas como el ya difunto rey Constantino de los helenos, hermano de la Reina Sofía, o el zar Simeón de Bulgaria.
Hagamos memoria. Estamos hablando de un disputado cofre requeteforrado custodiado en el Banco de Italia que podría contener un total de más de 6.000 diamantes y 2.000 perlas montadas en broches, tiaras y otras joyas que, según algunos especialistas, alcanzarían un valor de hasta 300 millones de euros, aunque otros creen que apenas llegarían a los 17, que tampoco es moco de pavo. La discrepancia en este extremo se debe a que no se ha podido hacer un inventario en condiciones de las piezas del histórico joyero de los Saboya -uno de los más impresionantes de la realeza europea a principios del siglo XX- que cogen polvo en el lugar.
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