Opinión.
Napoleón Bonaparte, un tímido al que el poder le dio la seguridad que le faltaba con las mujeres, por Carlos Berbell.
Napoleón Bonaparte no era un superdotado. La longitud de su miembro viril era tamaño estándar tirando a pequeño. Quizá fue eso lo que llevó a los ingleses a conservarlo: Para tratar de comprender cómo un hombre con atributos como esos había sido capaz de construir un imperio que subyugó a Europa a principios del siglo XIX.

En 1971 tuvo lugar una subasta muy especial en la casa Christie´s de Londres. Una subasta que no encontró comprador por el “objeto” en cuestión: el pene de Napoleón Bonaparte, el emperador francés que ciento cincuenta años antes había muerto envenenado con cianuro en la isla atlántica de Santa Elena.
Sus carceleros británicos le extirparon, entonces, el órgano, que fue sumergido en formol hasta esa fecha.
Napoleón Bonaparte no era un superdotado. La longitud de su miembro viril era tamaño estándar tirando a pequeño. Quizá fue eso lo que llevó a los ingleses a conservarlo: Para tratar de comprender cómo un hombre con atributos como esos había sido capaz de construir un imperio que subyugó a Europa a principios del siglo XIX. Evidentemente no existía una correlación entre la dimensión de su grandeza como estadista, político y militar con el tamaño de su órgano genital.




