Corrupción en la judicatura
Festival de acusaciones constitucionales.
En el sistema neoliberal vigente ya no se respeta la palabra empeñada, conocemos sentencias judiciales acomodaticias, dictámenes "vinculantes" de la Contraloría General de la República que se desacatan, las violaciones a las leyes y reglamentos están a la orden del día, abundan los delitos económicos, los fraudes de todo tipo, tráficos de influencias a través de lobbystas bien relacionados, informaciones privilegiadas, malversación y hurtos de fondos públicos e impunidad a todo evento, lo cual significa que la corrupción está instalada a buen recaudo.

Como consecuencia de las esquirlas desparramadas por los whatsapp del otrora poderoso abogado Luis Hermosilla, la opinión pública ha conocido como funcionan las instituciones del Estado, corruptela que, al menos este columnista, está denunciando desde hace muchos años en columnas de opinión y directamente en los órganos competentes, casi siempre con los resultados buscados. Si todos respetaran las leyes y los marcos regulatorios el sistema funcionaría bien y por ello, una vez más, expresamos que los agentes públicos y los actores privados debieran proceder siempre con probidad y transparencia, lo que es difícil pero no imposible.
En el sistema neoliberal vigente ya no se respeta la palabra empeñada, conocemos sentencias judiciales acomodaticias, dictámenes «vinculantes» de la Contraloría General de la República que se desacatan, las violaciones a las leyes y reglamentos están a la orden del día, abundan los delitos económicos, los fraudes de todo tipo, tráficos de influencias a través de lobbystas bien relacionados, informaciones privilegiadas, malversación y hurtos de fondos públicos e impunidad a todo evento, lo cual significa que la corrupción está instalada a buen recaudo.
El ejemplo clásico en materia de corrupción lo encontramos en la mayoría de las municipalidades que hay en el país, las que, con la asistencia de descarados leguleyos inventaron las llamadas corporaciones de desarrollode cualquier actividad para desviar fondos, pues las mismas, por considerarse privadas, no son controladas por nadie y, ¡oh sorpresa!, a la fecha siguen operativas, aumentando los patrimonios de sus representantes.




