Abandono médico en clínica privada
Sobre la muerte de don Oscar Podlech Michaud
El texto denuncia un eventual abandono médico y asistencial en los últimos días de vida de Oscar Podlech Michaud, cuestionando la decisión de Clínica Dávila de otorgarle el alta pese a su delicado estado de salud y destacando que el Juzgado de Garantía de Colina ordenó remitir los antecedentes al Ministerio Público para investigar una posible responsabilidad penal.

Don Oscar Podlech Michaud tenía noventa años. El 15 de mayo de 2026 falleció en el Hospital San José, sobre una camilla, en un box de urgencias, sin una cama, sin su médico, sin su familia, sin que nadie le tomara la mano. Su certificado de defunción consigna falla orgánica múltiple y shock séptico de foco urinario: el mismo cuadro que lo había tenido un mes internado en Clínica Dávila, hasta nueve días antes.
El 7 de mayo, esa Clínica firmó su salida. En el documento que ella misma redactó consta que el paciente no podía ponerse de pie, que tenía una herida abierta hasta la carne muerta y que dependía de dieciséis remedios de control estricto para seguir vivo. Aun así, lo subieron a un vehículo y lo enviaron de vuelta a una cárcel. No por desconocimiento: lo habían tratado cuatro veces y sabían exactamente cómo estaba y adónde lo mandaban.
Dos días después volvió a golpear esa misma puerta, peor. Le sacaron sangre, constataron la anemia, observaron las heridas, leyeron el informe que describía la necrosis avanzando. La respuesta fue no. Lo devolvieron al lugar donde ya constaba, negro sobre blanco, que no podían cuidarlo. Lo devolvieron a morir.
Con el cuadro ya desbordado, terminó en el Servicio de Urgencia de un hospital público al que no estaba afiliado, sin su ficha, sin su médico tratante, sin siquiera una cama. Ahí se apagó.
Tenía un plan de salud vigente en Clínica Dávila. No pedía caridad. Pedía que no lo abandonaran. Lo hicieron igual. Entre aquella firma y ese portazo quedó resuelto cómo y dónde iba a terminar su vida.
No diré que habría sobrevivido. Era un anciano terminal y el final lo rondaba. Diré lo que es más difícil de oír: lo dejaron irse lejos de todo lo suyo, en el pasillo de un recinto ajeno, después de empujarlo hacia allá con dos resoluciones que se podían no haber adoptado. Estuvo solo. Sin poder llamar por teléfono. Sin despedirse de su mujer. Sin ver a sus hijos. Un hombre que esperó hasta el último día volver a su casa, y a quien ni siquiera se le concedió un lecho donde aguardar.
No es únicamente mi voz la que lo afirma. El 18 de mayo, el Juzgado de Garantía de Colina ordenó remitir los antecedentes al Ministerio Público para que se investigue si en todo esto hubo delito. Lo que aquí se denuncia ya está, por mandato de un tribunal, donde corresponde.
Un prestador que recibe a un moribundo contrae un deber que no admite excusas: no abandonarlo. Clínica Dávila lo hizo dos veces. Cuando un juez ordenó que regresara, ya no había a quién trasladar: solo un cuerpo y una familia a la que nadie alcanzó a avisar a tiempo.
Que quede escrito y que no se borre: lo que terminó con la vida de don Oscar Podlech empezó con una firma. Salió de Clínica Dávila.
Carla Fernández Montero
Abogada Penalista
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