Guerras comerciales y aranceles
USA, aranceles como medio de extorsión y preludio a la 3ª Guerra Mundial
Las políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump buscan castigar a países considerados “aprovechadores” del libre comercio, pero terminan perjudicando a consumidores, empresas y al propio orden global. El caso de Suiza ilustra los efectos de una lógica proteccionista errática, que ha puesto en jaque décadas de cooperación internacional y que podría tener consecuencias mucho más graves de lo imaginado.

En abril, el Presidente Trump anuncia la liberación de las garras de socios tramposos y que se aprovechan de ellos. Estos socios son culpables de haber aprendido a jugar al libre comercio mejor que USA – la nación que definió las reglas del juego, y que ahora siguiendo la lógica de matón callejero prefiere cambiarlas en vez de esforzarse para mejorar y volver a ganar.
El castigo a los socios aprovechadores no es igual para todos: mejor juegan, más grande es la punición. Hacerle frente a esta extorsión es una aventura también para Suiza. En abril se anuncia una tarifa del 31%. Alarma general, y las máximas autoridades parten a Washington a ofrecer regalitos – inversiones, comprar gas y armas, etc. Parece funcionar: en julio se firma un acuerdo con una tarifa del 15%. Para sorpresa general, en agosto se anuncia un 39% – a pesar del acuerdo firmado por tres ministros (Relaciones Exteriores, Tesoro y Comercio). Donde manda capitán, no manda marinero. Cómo llega el capitán al 39% es un misterio. Lo importante es que Suiza sea uno de los más castigados de todos. Tal vez envidia: son mucho más ricos que nosotros, juegan demasiado bien al libre comercio, y se permiten una tarifa de 0% en las importaciones de USA. Además, son tan chicos que ni se pueden defender. Se repiten viajes con más regalitos, y cada vez las autoridades vuelven con las manos vacías y la marca de la cachetada recibida en la cara. Parece que abofetear contrapartes funciona de maravilla para vender propiedades a precios absurdos en Manhattan.
Trump no es el primero que cae en el auto-engaño que la mejor manera de industrializar el país es a través de la sustitución de importaciones con aranceles que protejan las empresas locales. Desde hace 70 años que hay una institución que disemina esta dañina falacia de aparente competitividad (artificial e insostenible) en América Latina. Lamentablemente Chile también cayó en la trampa. Y como las tarifas no daban los resultados esperados, para los empresarios criollos era más fácil ganar plata convenciendo al gobierno de turno de subir las tarifas (una y otra vez) en vez de hacer mejoras operativas. Negocio seguro. Por absurdo que sea, a inicios de los años 70, la tarifa promedio en Chile había llegado a ser tipo 150% – con textiles al 400% y otras al 800%.
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