Capital neutral y federalismo
Canberra y Brasilia: ¿descentralizar el poder o trasladar el centralismo?
La ubicación de la capital de un país no es una decisión puramente geográfica. Allí donde se concentran el Gobierno, el Congreso, los tribunales superiores y buena parte de la administración pública también se concentra una porción importante del poder político e institucional. Por eso, la elección de la ciudad desde la cual se dirige el Estado puede influir en la relación entre el centro y los territorios, en la percepción de representación de las regiones e incluso en la forma en que los ciudadanos se relacionan con sus instituciones.
Australia y Brasil ofrecen dos experiencias especialmente interesantes. Ambos países decidieron levantar capitales planificadas —Canberra y Brasilia— en lugar de mantener la sede del poder político en sus principales ciudades. Aunque surgieron en momentos históricos y bajo circunstancias diferentes, ambas decisiones estuvieron vinculadas a la necesidad de enfrentar tensiones territoriales, buscar nuevos equilibrios políticos y construir espacios concebidos expresamente para representar al Estado nacional.
La experiencia plantea una interrogante que sigue vigente: ¿puede la geografía del poder contribuir efectivamente a descentralizar un país? Trasladar las principales instituciones del Estado puede modificar el mapa político, pero no necesariamente elimina la concentración de decisiones, recursos y oportunidades. Una capital creada desde cero puede convertirse en un símbolo de unidad nacional, pero también puede terminar reproduciendo en otro territorio las mismas dinámicas centralistas que pretendía superar.
La discusión adquiere especial importancia cuando se observa el funcionamiento de los tres poderes del Estado. La concentración de autoridades políticas, organismos administrativos y tribunales superiores en una sola ciudad puede facilitar la coordinación institucional, pero también aumentar la distancia entre quienes toman las decisiones y las distintas realidades territoriales. En materia de justicia, por ejemplo, surge la pregunta de si esa distancia puede influir en el acceso a los tribunales, en la comprensión de los conflictos locales y en la percepción que los ciudadanos tienen sobre la cercanía e imparcialidad del sistema.
El debate tampoco se reduce a decidir dónde deben ubicarse físicamente los edificios públicos. En el fondo, obliga a preguntarse si la organización territorial de las instituciones puede fortalecer la legitimidad del Estado, generar una identidad nacional más compartida y evitar que determinadas ciudades o grupos concentren de manera desproporcionada el poder político, económico y administrativo.
Estas experiencias resultan particularmente interesantes para Chile, donde la histórica concentración de población, instituciones y decisiones en Santiago ha mantenido abierto el debate sobre centralismo, descentralización y desarrollo regional. Frente a esa realidad, cabe preguntarse si distribuir territorialmente determinadas instituciones podría contribuir a modificar esa estructura o si las desigualdades entre la capital y las regiones requieren transformaciones mucho más profundas que un simple cambio de sede.
En este contrapunto, buscamos contrastar las experiencias de Australia y Brasil a partir de las perspectivas de **Ron Levy,**académico de la Australian National University (ANU), especializado en Derecho y Diseño Constitucional, y Juliano Zaiden Benvindo, académico de la Universidade de Brasília (UnB), especializado en Derecho Constitucional Comparado. A partir de ambas miradas, Diario Constitucional aborda la relación entre territorio y poder público, los efectos institucionales de contar con capitales planificadas y las lecciones que estas experiencias pueden ofrecer a países que, como Chile, continúan debatiendo cómo avanzar hacia una mayor descentralización y legitimidad territorial.

Juliano Zaiden Benvindo
1. Brasil optó por crear una capital planificada —Brasilia— lejos de sus principales centros urbanos. ¿Qué problemas políticos, territoriales o económicos buscaban resolver con esa decisión y qué tan determinante fue la concentración previa del poder?
La decisión de crear Brasilia fue bastante diferente de otros casos porque, hasta donde sé, no hubo una competencia real entre las principales ciudades sobre cuál de ellas debería convertirse en la nueva capital. La decisión de construir una nueva ciudad ya estaba tomada: Brasil simplemente decidió crear una capital desde cero en el centro del país. En ese sentido, Brasilia fue un experimento bastante inusual y ambicioso. La decisión estaba relacionada con la idea de desarrollar el interior del país y trasladar el centro político lejos de los tradicionales centros económicos y urbanos, particularmente Río de Janeiro y el Sudeste. Cuando la capital se trasladó, también se trasladaron a Brasilia fondos públicos y actividad institucional, mientras que Río perdió parte de su anterior importancia política.
Brasilia también estuvo asociada a una idea más amplia de modernización. Brasil intentaba proyectarse como un país moderno, y la creación de una capital completamente nueva representaba esa ambición. Al mismo tiempo, no diría que necesariamente existiera un plan claro para redistribuir el poder político entre los diferentes territorios o para crear una mayor representación en el sentido institucional.
La geografía ciertamente importaba. Trasladar la capital hacia el interior creó un nuevo centro político fuera de los centros históricos, culturales y económicos y contribuyó al desarrollo de la región central. Así que, mirando hacia atrás, creo que la decisión fue importante y, a pesar de ser un experimento bastante loco, probablemente fue una buena decisión. Pero tendría cuidado al decir que la concentración previa del poder fue la razón decisiva para crear Brasilia. La decisión estaba más directamente relacionada con desarrollar un nuevo centro para el país que con resolver una disputa entre ciudades existentes.
2. ¿Una capital planificada es solo una decisión geográfica o también una forma de rediseñar el Estado? ¿Puede realmente contribuir a distribuir mejor el poder y dar mayor representación a los distintos territorios?
Creo que una capital planificada puede ser ciertamente más que una decisión geográfica, aunque en el caso brasileño tendría cuidado de no sugerir que Brasilia fue concebida originalmente como un proyecto completo para redistribuir el poder político o mejorar la representación de los diferentes territorios. Brasilia estuvo fuertemente vinculada al movimiento modernista y a la idea de crear una ciudad moderna y un gobierno más moderno. Este fue un período en el que el Presidente Juscelino Kubitschek estaba comprometido con el desarrollo y el rápido progreso, por lo que la creación de la ciudad estuvo asociada a la aspiración más amplia de transformar y desarrollar el país.
También existe una dimensión institucional en el diseño físico de Brasilia. En la Plaza de los Tres Poderes, el Parlamento, la Corte Suprema y el Palacio Presidencial fueron ubicados muy próximos entre sí. La idea era, al menos en parte, reunir a las ramas del gobierno para que pudieran interactuar y mantener un diálogo institucional. El diseño original del Congreso también reflejaba una idea de apertura: las personas podían entrar con relativa facilidad y observar las sesiones desde arriba. En ese sentido, la arquitectura y la geografía de la capital estaban vinculadas a determinadas ideas sobre cómo las instituciones públicas deberían funcionar y relacionarse con la sociedad.
Al mismo tiempo, no estoy seguro de que existiera un plan claramente definido para utilizar Brasilia como un instrumento para lograr una mejor distribución del poder o una mayor representación territorial. El contexto político era altamente turbulento, y la transformación institucional de Brasil no puede atribuirse simplemente a la construcción de la nueva capital. Solo unos pocos años después, el país experimentó el golpe de Estado de 1964, lo que demuestra que el intento de crear una capital moderna no produjo por sí mismo estabilidad institucional.
Los cambios más sustanciales en el diseño institucional brasileño llegaron después, particularmente con la Constitución de 1988. En comparación con la Constitución de 1946, el marco constitucional posterior al autoritarismo otorgó una posición más fuerte al Poder Ejecutivo y buscó abordar problemas asociados con la coordinación política y la relación entre el Congreso y el Poder Ejecutivo. Esos arreglos institucionales contribuyeron más directamente a la estabilidad del sistema democrático que el hecho geográfico de Brasilia por sí solo.
En términos más generales, diría que el centralismo es principalmente una cuestión de diseño institucional. La geografía puede influir en la forma en que opera el centralismo, pero cambiar la ubicación de la capital no transforma automáticamente la estructura subyacente del poder. Brasilia creó un nuevo espacio físico y simbólico para el gobierno, pero una mayor representación territorial y una mejor distribución del poder dependen, en última instancia, de los arreglos constitucionales y de las instituciones políticas, más que de la ubicación geográfica de los edificios públicos por sí sola.
3. En la práctica, ¿concentrar en la capital a las principales instituciones de los tres poderes del Estado ha favorecido la gobernabilidad o ha terminado reforzando el centralismo? ¿La distancia respecto de las regiones puede debilitar la capacidad del Estado para comprender y responder a sus problemas?
Esto es controversial. Hay personas que sostienen que Brasilia estaba originalmente demasiado lejos de los principales centros económicos e industriales de Brasil, particularmente São Paulo y el Sudeste, y que trasladar la capital al centro del país situó la sede del gobierno demasiado lejos de donde estaba concentrada gran parte de la vida económica de Brasil. Sin embargo, este argumento resulta menos convincente hoy, porque la propia Brasilia se ha convertido en una ciudad importante y el Centro-Oeste se ha desarrollado considerablemente, particularmente a través de la agricultura.
Más generalmente, sin embargo, no creo que la ubicación de Brasilia sea la principal explicación ni de la centralización ni de la descentralización en Brasil. El constitucionalismo brasileño siempre ha sido fuertemente centralizado, incluso cuando Río de Janeiro era la capital. El presidencialismo y la concentración del poder en el gobierno central son características más amplias del diseño constitucional latinoamericano, y Brasil es un país federal que permanece altamente centralizado en muchos aspectos. En este sentido, el centralismo es principalmente una cuestión de diseño institucional, aunque la geografía puede influir en la forma en que el centralismo opera en la práctica.
Al mismo tiempo, trasladar la capital sí tuvo consecuencias para la distribución territorial de la inversión y el desarrollo federal. Creo que fue importante que tanta inversión federal dejara de concentrarse en Río, una ciudad rica que ya contaba con muchas otras formas de generar ingresos, mientras que otras partes de un país tan grande necesitaban mucho más desarrollo. La propia Brasilia depende en gran medida del gobierno federal porque es fundamentalmente una capital federal y no un centro industrial o agrícola.
Aun así, trasladar la capital no eliminó las desigualdades regionales de Brasil. La propia Constitución contiene mecanismos destinados a promover la igualdad regional y dirige más recursos hacia los estados y municipios más pobres, pero el Sudeste y el Sur siguen siendo considerablemente más ricos que otras partes del país. Por lo tanto, la geografía importa, pero cambiar la sede física del poder no transforma por sí mismo la desigualdad territorial. La cuestión más profunda es cómo los arreglos políticos e institucionales distribuyen los recursos, la autoridad y las oportunidades a lo largo del país.
4. ¿Qué consecuencias tiene que los tribunales superiores estén concentrados en la capital? ¿Esa distancia puede afectar el acceso a la justicia o generar la percepción de que las decisiones judiciales se adoptan lejos de las realidades territoriales?
Sería cauteloso a la hora de hacer una afirmación contundente sobre este punto, porque no contamos con datos empíricos que me permitan decir si la concentración de los tribunales superiores en Brasilia efectivamente afecta el acceso a la justicia o genera la percepción de que las decisiones judiciales están desconectadas de las realidades territoriales. Eso requeriría un análisis empírico más sistemático.
Sin embargo, existe un interesante argumento jurídico a favor de cierto grado de distancia. En general, se espera que los tribunales superiores se ocupen principalmente de cuestiones jurídicas, en lugar de volver a evaluar las circunstancias fácticas de cada caso. Por supuesto, existen situaciones, particularmente en casos penales y otros casos complejos, en las que las cuestiones fácticas son inevitables. Pero la idea básica es que cierta distancia respecto de los hechos concretos y de las circunstancias locales puede ayudar a preservar la imparcialidad. En ese sentido, estar físicamente alejado del contexto inmediato de una controversia no es necesariamente una desventaja; puede, en determinadas circunstancias, formar parte de la propia lógica institucional de la adjudicación.
Al mismo tiempo, Brasilia genera su propio entorno institucional particular. Como capital federal, concentra actores políticos, instituciones públicas, abogados y actividades de lobby, de una manera que es algo comparable a Washington, D.C. Por lo tanto, la distancia geográfica respecto de las realidades locales no significa que los tribunales operen aislados de las redes políticas e institucionales. También existen otras formas de proximidad que pueden configurar el entorno en el que funcionan las instituciones nacionales.
Por lo tanto, no diría que los efectos de concentrar los tribunales superiores en la capital sean necesariamente positivos o negativos. La distancia puede importar, pero sus consecuencias para el acceso a la justicia, la percepción pública y la relación de los tribunales con las distintas realidades territoriales siguen siendo cuestiones que, en mi opinión, requieren una investigación empírica en lugar de suposiciones.
5. ¿Una capital debe representar simbólicamente a todo el país? En el caso de Brasilia, ¿la creación de una ciudad concebida expresamente como sede del poder logró construir una identidad nacional más equilibrada o simplemente trasladó el centralismo a otro lugar?
Sí creo que una capital puede y quizás debería contribuir a representar al país en su conjunto, aunque la geografía por sí sola no puede crear una identidad nacional compartida. En el caso de Brasilia, creo que la decisión de trasladar la capital hacia el interior, alejándola de centros culturales y económicos dominantes como Río de Janeiro y São Paulo, sí fue importante para generar una suerte de identidad nacional. A los cariocas (personas de la ciudad de Río de Janeiro) probablemente no les gustará mi respuesta, pero creo que el traslado fue importante porque creó una relación diferente entre la capital y el resto del país.
Brasilia gradualmente se convirtió en un territorio neutral. Reunió a personas de diferentes partes de Brasil, particularmente durante sus primeras décadas, cuando muchas de las personas que vivían en la nueva capital habían llegado desde otros estados. Eso hizo que Brasilia fuera culturalmente diferente de una ciudad como Río, cuyos habitantes pueden asociar fuertemente su propia ciudad con la identidad nacional brasileña. En mi opinión, reducir un país tan complejo a la identidad de una ciudad o región en particular sería muy reduccionista.
También existe una dimensión institucional en esta neutralidad. Brasilia no es en sí misma un estado, sino un Distrito Federal, y fue concebida como un territorio que no competiría directamente con los demás estados. Creo que esta idea de un territorio neutral es importante, incluso si su significado democrático no puede simplemente ser creado únicamente mediante el diseño institucional.
Al mismo tiempo, no diría que Brasilia eliminó el centralismo. Brasil sigue estando altamente centralizado, y la creación de una nueva capital no transformó automáticamente la distribución más amplia del poder político o económico. Pero trasladar la capital ayudó a evitar que el centro político nacional quedara completamente identificado con uno de los centros culturales y económicos tradicionales del país.
Para mí, Brasilia contribuyó a una idea más amplia de identidad nacional porque proporcionó un espacio en el que personas de diferentes partes del país pudieron gradualmente formar parte de un entorno común. Estos procesos toman tiempo; no pueden simplemente producirse artificialmente mediante la construcción de una nueva ciudad.
6. Desde el Derecho Comparado, ¿hasta qué punto la geografía condiciona hoy el funcionamiento de las instituciones públicas? ¿Es necesario construir una nueva capital para desconcentrar el poder o una ciudad ya existente puede asumir esa función con suficiente legitimidad?
Desde una perspectiva comparada, la geografía sigue siendo importante, pero su relevancia ha cambiado considerablemente. Las instituciones públicas ya no dependen de la proximidad física de la misma manera que en el pasado, particularmente después de la pandemia. Los tribunales y otras instituciones han tenido que adaptarse a las audiencias virtuales y a nuevas formas de participación remota, lo que puede reducir algunas de las barreras prácticas creadas por la distancia. Por lo tanto, no diría que sea necesariamente necesario construir una nueva capital para desconcentrar el poder. Una ciudad existente puede asumir ese papel con suficiente legitimidad, dependiendo del diseño institucional. La cuestión clave es cómo interactúa la geografía con los arreglos constitucionales, más que la geografía por sí sola.
7. ¿Qué lecciones concretas deja Brasilia para Chile, donde una parte muy importante de la población y del poder político, económico e institucional se concentra en Santiago? ¿Cambiar la ubicación de ciertas instituciones ayudaría realmente a reducir el centralismo o el problema es mucho más profundo que la sede física del poder?
Creo que la principal lección de Brasilia es que cambiar la ubicación de las instituciones políticas puede tener importantes efectos simbólicos y prácticos, pero no resuelve por sí mismo el problema más profundo del centralismo. Trasladar la capital ayudó a Brasil a crear un espacio político más neutral, separado del dominio cultural y económico tradicional de ciudades como Río de Janeiro y São Paulo, y también contribuyó al desarrollo del interior del país. En ese sentido, la geografía puede importar.
Sin embargo, Chile también debería considerar que el centralismo está fundamentalmente relacionado con el diseño institucional. Brasil sigue siendo un país altamente centralizado a pesar de haber trasladado su capital y de ser formalmente una federación. Por lo tanto, simplemente reubicar las instituciones no redistribuiría automáticamente la autoridad política ni reduciría la desigualdad económica.
No diría si Chile debería construir una nueva capital, porque eso depende de sus propias circunstancias políticas y territoriales. Pero Brasilia sugiere que las reformas geográficas pueden ser útiles cuando forman parte de un proyecto institucional más amplio. La cuestión más importante es si la concentración existente del poder político, económico e institucional genera tensiones territoriales que debilitan la representación o la cohesión nacional. Si ese es el caso, cambiar la ubicación de determinadas instituciones puede ayudar a reducir las asimetrías, pero debería estar acompañado de reformas más amplias relativas a la distribución del poder, los recursos y la capacidad institucional.
Ron Levy
1. Australia optó por crear una capital planificada —Canberra— lejos de sus principales centros urbanos. ¿Qué problemas políticos, territoriales o económicos buscaban resolver con esa decisión y qué tan determinante fue la concentración previa del poder?
En Australia, hubo varias colonias británicas que decidieron unirse en una federación en 1901, y algunas de estas colonias eran grandes mientras que otras eran muy pequeñas. En particular, las colonias de Nueva Gales del Sur (NSW) y Victoria ya eran dominantes en la política colonial del continente. Cuando las colonias se federaron, una de las principales preocupaciones de las demás colonias era limitar el poder de NSW y Victoria; el Senado federal, por ejemplo, otorga a la relativamente pequeña Tasmania el mismo número de senadores que a NSW, cuya población es 14 veces mayor. Pero otra dimensión de un potencial conflicto constitucional se encontraba entre NSW y Victoria. La Constitución terminó estableciendo que la sede del gobierno federal debía crearse en un territorio nuevo y separado dentro de los límites de NSW, y que debía estar a no menos de 100 millas de Sydney, la ciudad más grande de NSW.
Así, podemos ver que en Australia las cuestiones relativas al tamaño y al predominio estaban presentes en las preocupaciones de los redactores constitucionales. La capital de compromiso, Canberra, está actualmente situada en el Territorio de la Capital Australiana, a unos 280 km (175 millas) de Sydney y rodeada por el estado de NSW.
Creo que la importancia de una sede neutral del gobierno es tanto concreta como simbólica. Concretamente, el hecho de que el gobierno no esté situado en una región favorecida (por ejemplo, con una gran población o riqueza) significa que ninguna región tiene un predominio político. Esto puede reducir sustancialmente la asimetría dentro del federalismo. Pero, simbólicamente también, puede transmitir mucho a los ciudadanos comunes el hecho de que su gobierno esté situado en un “territorio neutral”, que representa a la nación en su conjunto. Eso puede, en efecto, ayudar a evitar que se agrave el descontento en un Estado federal o, en general, en un Estado de gran extensión territorial.
2. ¿Una capital planificada es solo una decisión geográfica o también una forma de rediseñar el Estado? ¿Puede realmente contribuir a distribuir mejor el poder y dar mayor representación a los distintos territorios?
Si comparamos Australia y Canadá, donde la capital, Ottawa, está situada dentro de la provincia de Ontario, la decisión de crear una nueva capital en Australia parece previsora. Canadá se había federado unos 34 años antes y había situado su capital en la provincia más poblada del país, Ontario. Canadá ha terminado siendo actualmente una federación relativamente inestable (aunque admirablemente pacífica), ya que sectores de la población de Quebec y, más recientemente, de la provincia occidental de Alberta amenazan con separarse. Los fenómenos del separatismo de Quebec y de la “alienación occidental” han amenazado durante mucho tiempo la unidad de Canadá.
En la raíz de la alienación occidental existe una tensión respecto de que las provincias más grandes, Ontario y Quebec, reciban la mayor parte de la atención nacional. Estas dos provincias y sus principales ciudades, Toronto y Montreal, han sido históricamente las capitales culturales y económicas de Canadá. En este contexto, situar la capital en Ottawa, dentro de Ontario y formando parte de esta provincia, en la frontera con Quebec, puede haber sido una mala decisión que desde entonces ha sido uno de los factores que ha sembrado descontento y división en todo el país, y especialmente en el lejano poniente.
En Australia, la decisión de sacar la capital de NSW puede haber ayudado a evitar algunos de los problemas que Canadá ha enfrentado. Cabe destacar que, durante las primeras décadas de la federación australiana, hubo discordia y un movimiento secesionista en Australia Occidental. Pero, durante los más de 90 años posteriores, Australia ha sido una federación altamente estable. Es imposible estar precisamente seguros de cuánto de esto puede atribuirse a la elección de Canberra como sede del gobierno nacional. Pero es probable, al menos, que la elección sea uno de los factores que ayudaron a aliviar las tensiones federales.
Para señalar la diferencia, hablando tanto como australiano como canadiense, consideraría que los arreglos federales de Canadá son menos propicios para la estabilidad federal y probablemente una causa de descontento. Es difícil decir con precisión cuánto de esto se debe a ello, porque la alternativa es contra fáctica (es decir, Ottawa como un territorio separado que no formara parte de la provincia de Ontario). Sin embargo, mi impresión es que la concentración del poder político en Ontario, y en la frontera con Quebec, agrava las asimetrías de población, cultura y economía en la federación canadiense. Sin embargo, también hay otros factores en juego. La federación canadiense siempre tuvo cierta probabilidad de ser inestable, en alguna medida, debido a las reales diferencias culturales y lingüísticas entre Quebec y el resto de Canadá. No obstante, una mayor atención a la ubicación de la capital podría haber ayudado, al menos, en relación con el descontento del oeste.
3. En la práctica, ¿concentrar en la capital a las principales instituciones de los tres poderes del Estado ha favorecido la gobernabilidad o ha terminado reforzando el centralismo? ¿La distancia respecto de las regiones puede debilitar la capacidad del Estado para comprender y responder a sus problemas?
La cuestión de si tener una federación más centralizada o descentralizada ha sido una cuestión importante en el derecho y la política australianos durante más de un siglo. De hecho, la federación australiana equilibra la representación en Canberra con la representación estatal, territorial y local; y, de hecho, muchas funciones federales se llevan a cabo en dependencias del gobierno federal a lo largo del país. La creación de Canberra como capital puede haber retrasado movimientos posteriores hacia la centralización, dado que, durante muchos años después de su creación formal, en 1913, muchas de las funciones ejecutivas y judiciales del gobierno federal seguían estando muy dispersas por el país. El traslado masivo de la administración federal hacia Canberra comenzó alrededor de las décadas de 1960 y 1970. Crear una nueva capital desde cero no fue fácil y tomó una gran cantidad de tiempo; en cierta medida, Canberra todavía se encuentra en desarrollo en la actualidad.
Supongo que debemos considerar si la centralización es algo bueno o malo. La centralización tiene ventajas y desventajas. Puede contribuir a la eficiencia, a la unidad nacional e incluso, en ocasiones, a resultados progresistas. La descentralización, por el contrario, puede favorecer la capacidad de respuesta del gobierno, la representación democrática y la prevención de abusos de poder. Por lo tanto, qué constituye una centralización “excesiva” no está claro y realmente depende de las opciones de valor de cada observador. En Australia, sin embargo, la existencia de gobiernos estatales fuertes, la representación a través de instituciones estatales, territoriales y locales, y la continua distribución de las funciones del gobierno federal a lo largo del país contribuyen a descentralizar Australia, para bien o para mal. Esta distribución territorial puede hacer que la concentración física de las instituciones nacionales en Canberra resulte menos problemática que lo que podríamos observar en un Estado unitario, donde las instituciones regionales pueden tener una autoridad política autónoma menor.
4. ¿Qué consecuencias tiene que los tribunales superiores estén concentrados en la capital? ¿Esa distancia puede afectar el acceso a la justicia o generar la percepción de que las decisiones judiciales se adoptan lejos de las realidades territoriales?
En Australia, el Tribunal Superior está efectivamente ubicado en la capital, pero a menudo sesiona en distintas partes del país. Los tribunales federales inferiores hacen lo mismo. Esta descentralización es importante para el acceso a la justicia en un país geográficamente tan extenso como Australia. Dicho esto, las principales funciones del Tribunal siguen radicadas en la capital. Nuevamente, Australia ha buscado equilibrar la descentralización y la centralización, en este caso respecto de las funciones judiciales.
Los tribunales gozan de una alta confianza en Australia. La práctica judicial geográficamente más distribuida de Australia ofrece ventajas prácticas que van más allá del acceso físico a los tribunales, aunque sospecho que existe muy poco conocimiento público sobre los lugares donde sesionan los tribunales y que estas prácticas no contribuyen ampliamente a la confianza ni necesariamente fortalecen la percepción pública de que la justicia nacional permanece conectada con las distintas realidades sociales y regionales en las que surgen los conflictos jurídicos.
Por otro lado, sí creo que los litigantes individuales que, cuando tienen asuntos ante los tribunales, pueden recibir la visita de los tribunales federales, en lugar de tener que ellos trasladarse a Canberra, probablemente perciben un beneficio individual genuino. Y, al sesionar en las regiones de Australia, los jueces pueden al menos obtener directamente una mejor perspectiva sobre la diversidad de las regiones australianas. En ese sentido, la distribución geográfica de la actividad judicial puede contribuir a mantener una conexión entre las perspectivas nacionales y las distintas realidades regionales en las que surgen los conflictos jurídicos, incluso si esto no es algo de lo que el público en general esté particularmente consciente.
5. ¿Una capital debe representar simbólicamente a todo el país? En el caso de Canberra, ¿la creación de una ciudad concebida expresamente como sede del poder logró construir una identidad nacional más equilibrada o simplemente trasladó el centralismo a otro lugar?
Si uno de los objetivos de crear una federación, o de ajustar una Constitución, es mantener la integridad y estabilidad del Estado en su conjunto, entonces crear una nueva capital que pueda representar a todas las regiones tiene potencialmente un efecto positivo. En las capitales nacionales, incluida la de Australia y la de Estados Unidos, las principales calles llevan nombres de ciudades o estados de distintas partes de la nación. La cultura de estas capitales está menos definida localmente, y las personas que habitan estas ciudades suelen provenir de distintas partes del país. Esto es más difícil de lograr en una capital más grande y consolidada, como Londres o París, donde el servicio a la nación no está tan claramente definido como función de la mayoría de sus habitantes.
Nuevamente, creo que tener una capital política separada de las capitales culturales y sociales podría reducir parte de la asimetría, y parte de los celos o descontento, provocados por fuertes concentraciones de poder político, cultural, económico y social en un mismo lugar. Desde una perspectiva democrática, separar estas distintas formas de poder también puede ayudar a que los ciudadanos perciban las instituciones nacionales como pertenecientes por igual a toda la comunidad política, en lugar de estar fuertemente identificadas con una comunidad local en particular. También puede, concretamente, conducir a mejores resultados para los lugares que se encuentran más allá del centro cultural y político.
En Australia, existe cierta cantidad de desdén hacia la capital, Canberra. Esto es coherente con la actitud generalmente poco seria de los australianos: una tendencia a no respetar demasiado la autoridad. También es un reflejo de la relativa novedad e incompletitud estética de Canberra, y del clima inusualmente frío de la ciudad, en contraste con el resto de Australia. Pero este desprecio hacia la capital no es lo mismo que una profunda división o descontento. Por el contrario, puede ser adecuado para la mentalidad australiana tener una ciudad a la que no necesiten otorgarle demasiado respeto. Es, podría decirse, es un aspecto muy saludable de la democracia en Australia.
6. Desde el Derecho Comparado, ¿hasta qué punto la geografía condiciona hoy el funcionamiento de las instituciones públicas? ¿Es necesario construir una nueva capital para desconcentrar el poder o una ciudad ya existente puede asumir esa función con suficiente legitimidad?
Para concentrar el poder, puede importar o no que se cree una nueva capital. Por un lado, por las razones mencionadas anteriormente, una nueva capital puede ayudar a que una federación tenga éxito y permanezca estable. Esto, a su vez, puede significar que la federación pueda ser centralizada o descentralizada; de cualquier manera, puede tener mayores probabilidades de mantenerse. Situar el poder en una ciudad consolidada como Londres o París podría ayudar a concentrar el poder cultural, económico y político en un mismo lugar. Pero, en aras de la estabilidad constitucional, esta puede no ser una decisión acertada.
7. ¿Qué lecciones concretas deja Canberra para Chile, donde una parte muy importante de la población y del poder político, económico e institucional se concentra en Santiago? ¿Cambiar la ubicación de ciertas instituciones ayudaría realmente a reducir el centralismo o el problema es mucho más profundo que la sede física del poder?
La sede del gobierno, como vimos anteriormente, es un factor que puede determinar la estabilidad constitucional y la unidad nacional. No es el único factor, ni mucho menos. (Después de todo, el traslado de facto de la capital de Luis XIV a Versalles no hizo nada para prevenir la Revolución Francesa; todo lo contrario). Pero, siendo iguales todas las demás circunstancias, puede ser conveniente situar la capital en un nuevo lugar, relativamente alejado de los centros culturales y económicos existentes, si un país sufre de diferencias potencialmente desestabilizadoras, como una competencia divisoria entre regiones. Entiendo que Chile, al ser un país muy extenso, cuenta con ciudades y regiones diversas. Pero que sea útil construir una nueva capital puede depender de si las diferencias regionales son profundas y desestabilizadoras. Si lo son, entonces situar la sede del gobierno en un nuevo lugar, donde ninguna región existente sea capaz de dominar, puede ayudar a disminuir parte de la rivalidad interregional.
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