Diario Constitucional

Reinserción y desistimiento

Albert Pedrosa: Reinserción y desistimiento del delito, más allá del encarcelamiento

En un escenario marcado por el hacinamiento penitenciario y la alta reincidencia, el debate sobre la reinserción social y el desistimiento del delito vuelve a instalarse como un desafío central de las políticas criminales. El criminólogo y doctor en Derecho Albert Pedrosa analiza, desde la evidencia comparada, los factores personales, institucionales y comunitarios que influyen en el abandono del delito, destacando los límites del encarcelamiento, la relevancia del tratamiento penitenciario y el rol decisivo del acompañamiento postpenitenciario para avanzar hacia sistemas más efectivos y human

Por Bárbara Mansilla Lillo·05 de febrero de 2026·8 min de lectura
Albert Pedrosa: Reinserción y desistimiento del delito, más allá del encarcelamiento
Referencial

Por Bárbara Mansilla Lillo, Universidad Andrés Bello

En un contexto en que los sistemas penitenciarios enfrentan desafíos crecientes —hacinamiento, reincidencia y una capacidad limitada para promover procesos reales de cambio—, la discusión sobre la reinserción social y el desistimiento del delito adquiere una relevancia transversal. Tanto en Chile como en otros países, la evidencia criminológica muestra que el encarcelamiento, por sí solo, no asegura una reducción sostenida de la delincuencia. Más bien, son los factores vinculados al tratamiento penitenciario, el acompañamiento social y las oportunidades disponibles al egreso los que inciden, en mayor medida, en la probabilidad de no reincidir.

Bajo esta perspectiva, la entrevista con Albert Pedrosa —Criminólogo, Doctor en Derecho, y miembro del grupo de investigación en desistimiento del delito y políticas de reinserción de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)— busca indagar en los elementos personales, institucionales y comunitarios que realmente influyen en las trayectorias de desistimiento. Su experiencia académica e investigativa permite analizar cómo distintos contextos socioculturales abordan la vida en prisión, los apoyos postpenitenciarios y la reconstrucción de proyectos de vida, ofreciendo claves útiles para pensar los desafíos actuales de la reinserción social.

El objetivo es aportar una comprensión profunda y accesible de las dinámicas que favorecen el abandono del delito, así como de las transformaciones necesarias para que los sistemas penitenciarios —tanto en Europa como en América Latina— avancen hacia modelos más efectivos, humanos y basados en evidencia.

1. Desde su perspectiva, ¿cuáles son los factores personales que resultan más decisivos en los procesos de desistimiento del delito?

Cuando hablamos del desistimiento delictivo, debemos tener en cuenta que nos referimos a un proceso complejo que se desarrolla a lo largo de la vida de aquellas personas con una mayor trayectoria delictiva. Por ello, aunque existen algunos elementos importantes comunes -como los vínculos sociales, el desarrollo de una identidad que rechaza la delincuencia, o el autocontrol, entre otros-, en última instancia este proceso es muy personal, y varía entre individuos, al estar muy ligado con su experiencia vital.

Sin embargo, y de modo generalizado, para que se pueda dar el abandono de la delincuencia es importante que coexista una disponibilidad de oportunidades prosociales en el contexto social del individuo (oportunidades para cambiar), con el desarrollo de una identidad desistente: que la persona quiera y se vea capaz de abandonar la delincuencia. En este último aspecto es donde el tratamiento penitenciario puede desempeñar un papel importante.

2. ¿Qué aspectos del tratamiento penitenciario tienen mayor capacidad de generar cambios reales en las trayectorias delictivas y cuáles, en cambio, han demostrado ser poco eficaces?

Existe numerosa evidencia de que el tratamiento más efectivo es aquel que sigue los principios del modelo de riesgo-necesidad-responsividad (RNR), propuesto por Andrews, Bonta y Hoge en 1990. En definitiva, aquella intervención cuya intensidad se adapta al nivel de riesgo y características del individuo, y que se centra en las necesidades criminógenas que se relacionan con su delito, parecen obtener mayores resultados positivos. Sin embargo, alguna evidencia reciente (por ejemplo, Logan et al. 2026), cuestionan la solidez de buena parte de la literatura a este respecto, afirmando que debemos ser prudentes con esta supuesta eficacia generalizada del tratamiento, ya que los resultados varían mucho entre contextos y estudios. Otra limitación es que muchos programas de tratamiento dicen adecuarse a estos principios, pero no siempre los siguen en la práctica.

Lo que parece importante es que el tratamiento sea individualizado y centrado en el autocontrol, la autoeficacia y el desarrollo de una identidad prosocial; entendiendo a su vez que estos programas por sí solos no siempre serán efectivos sin la existencia de vínculos y otros elementos externos. El tratamiento es un punto de partida de un proceso de cambio mucho más largo y complejo, que la persona deberá recorrer por sí misma.

3. A partir de su experiencia investigativa, ¿qué rol desempeñan las relaciones familiares y las redes de apoyo en la persistencia o el abandono de conductas delictivas?

Son fundamentales. Numerosos trabajos han mostrado -bajo la teoría de los puntos de inflexión de Laub y Sampson (1993)- que estos vínculos (especialmente el trabajo y la familia) son relevantes para promover en las personas el deseo de cambiar, sobre todo cuando estos cubren sus necesidades instrumentales y emocionales. En un estudio que hicimos sobre esta misma cuestión (Ibáñez y Pedrosa, 2018) en Cataluña (España), pudimos observar que las familias, lejos de tener un rol pasivo y ser importantes por “estar ahí”, también adoptan un papel muy activo en la promoción del desistimiento, por ejemplo supervisando y estableciendo límites para evitar que la persona vuelva a delinquir.

4. ¿De qué manera la vida cotidiana en prisión —las rutinas, los vínculos entre internos y el clima institucional— influye en la posibilidad de proyectar un camino alejado del delito?

Este es un aspecto sobre el que aún falta mucho conocimiento. Más bien tenemos evidencia de lo contrario, de que una mala experiencia durante el encarcelamiento lleva a las personas a ser más pesimistas sobre su futuro (Cid et al. 2021). Por ello, la presencia de deficiencias estructurales, hacinamiento, o violencia, serán obstáculos para el correcto funcionamiento de un sistema penitenciario orientado a la reinserción social. No obstante, algunos aspectos que pueden ser positivos son el establecimiento de rutinas, la creación de un vínculo profesional o alianza de trabajo con el personal de tratamiento, y el aumento de la autoeficacia cuando la persona debe trabajar y hacer esfuerzos positivos para acceder a una salida temprana de prisión. Un punto que parece central es atender las necesidades de los colectivos más vulnerables, especialmente aquellas personas con problemas de salud mental o de adicción a las drogas. Contar con espacios seguros y terapéuticos dentro de las cárceles para estas personas es necesario si queremos que puedan desarrollar una voluntad de cambio.

5. ¿Qué características esenciales deberían reunir los programas de reinserción para que su impacto sea efectivo y sostenible en el tiempo?

Un aspecto importante y al que a mi parecer no se le da suficiente importancia es la continuidad de la intervención. De poco sirve una intervención limitada en el tiempo si queremos que la persona adquiera una estabilidad emocional y material que apoye su proceso de reinserción. El proceso de cambio es, como su nombre indica, un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo. Por ello es necesario que la intervención, a veces acompañada de supervisión y control, se dé también durante la transición hacia la vida en libertad, así como en el momento posterior.

Llamamos asistencia postpenitenciaria a aquellas acciones que conectan el trabajo hecho en el interior de la prisión con los recursos para afrontar los obstáculos del exterior, involucrando a instituciones comunitarias y del sector social o de voluntariado (Pedrosa y De la Encarnación, 2022). Al respecto, la existencia de ayudas económicas tras la salida de prisión, viviendas de transición o ayudas para encontrar vivienda y trabajo, y el acceso a recursos de salud y para abandonar el consumo de drogas, se han mostrado positivas para apoyar el proceso de desistimiento delictivo.

6. ¿En qué medida la comunidad y el entorno social al que se retorna condicionan el éxito o fracaso de los procesos de reinserción?

Sin duda, el entorno al que las personas vuelven tras la prisión es determinante, puesto que este condiciona las opciones prosociales disponibles (acceso a una vivienda, un trabajo, ayudas sociales), que son centrales para que aquellas personas que deseen cambiar puedan hacerlo. No obstante, si bien desde el sistema penitenciario podemos dar herramientas a las personas para afrontar mejor los obstáculos de su entorno, no está en su mano mejorar las condiciones estructurales de exclusión de muchas de las personas que salen de prisión, por lo que apostar por políticas del bienestar más amplias es necesario.

7. ¿Qué principales desafíos observa en la coordinación entre instituciones penitenciarias, servicios sociales y actores comunitarios al momento de apoyar la transición desde la prisión hacia la libertad?

Recientemente pude participar en un estudio llevado a cabo en la ciudad de Barcelona sobre esta cuestión (Batlle et al. 2025), en el cual observamos que el principal desafío es la falta de comunicación entre actores institucionales, y la falta de “itinerarios de reinserción” claros. Sobre lo primero, pudimos observar que existe poca interacción entre el personal de prisiones y los trabajadores de instituciones públicas y/o comunitarias, lo que dificulta la correcta detección de necesidades. En segundo lugar, aunque existen muchos recursos de apoyo para quiénes salen de prisión, no queda claro cómo acceder a ellos, lo cual se ve aún más obstaculizado por la burocracia y la brecha digital. Es imprescindible una adecuada gestión de los casos, de manera que se pueda ayudar a conectar a las personas con los recursos disponibles.

8. Desde una perspectiva comparada, ¿identifica elementos comunes en los sistemas penitenciarios que favorezcan la no reincidencia, más allá de las diferencias culturales o estructurales?

Considero que intentar identificar elementos comunes sin antes entender el porqué del éxito o del fracaso de las prácticas locales es un error común que nos puede llevar a exportar o aplicar prácticas sin suficiente conocimiento sobre cómo se deben desarrollar, las cuáles pueden fracasar en otros contextos. Sobre esto, recientemente Cid (2024) ha argumentado que algunas teorías del desistimiento pueden ser más relevantes en unos contextos estructurales que en otros. De este modo y de acuerdo con la evidencia recabada en nuestras investigaciones en España, quiero destacar la importancia de medidas que faciliten las visitas y el contacto familiar para las personas presas, y especialmente la previsión en el sistema penitenciario de medidas de liberación anticipada, que permitan un acceso progresivo a la libertad.

9. Finalmente, ¿qué cambios considera urgentes para avanzar hacia modelos de reinserción realmente efectivos, centrados en las personas y basados en evidencia?

Quiero destacar una idea: no sirve de mucho implantar programas de tratamiento en las prisiones si estos no van acompañados de otras medidas más amplias dirigidas a promover la reinserción social. De este modo, para que un sistema penitenciario pueda ser más efectivo en promover la reinserción es necesario que todo el sistema (y ello incluye las prisiones y su organización), se oriente a este fin, ya que la evidencia nos muestra que los programas de tratamiento, por sí solos, difícilmente lograrán esta meta.

Constitucional AI: El fallo, a la vista. Prueba gratis.

Te puede interesar

Constitucional AI: La IA que cita. Tribunal, rol, fecha, enlace. Prueba gratis.