Opinión.
Escriben: «40 años de monarquía parlamentaria».
El autor opina que a diferencia de la forma de Estado republicana la monarquía es símbolo, no solo de la unidad e integración, sino también de permanencia de una identidad colectiva que viene de una historia común de siglos.

En una reciente publicación del medio español www.iustel.com se da a conocer el artículo “40 años de monarquía parlamentaria”, de Ignacio Astarloa Huarte-Mendicoa, Profesor de Derecho Constitucional.
El autor sostiene que cuando el 27 de diciembre, ya muy próximo, celebremos el cuarenta aniversario de la firma por el Rey Juan Carlos I de la Constitución más fructífera de nuestra historia, celebraremos también el éxito de una de las más importantes novedades contenidas en la misma como es la monarquía parlamentaria. Es sobradamente conocido que nuestra forma de Estado ha sido secularmente la monarquía, pero no se repara muchas veces en que la fórmula utilizada por el texto constitucional para articularla tiene un significado muy preciso y es de una extraordinaria modernidad.
Su artículo 1, detalla, combinado con los artículos 56 y 57 nos dice, en primer lugar, que España tiene una Jefatura de Estado monárquica, cuyo titular suma a la legitimidad constitucional, la legitimidad dinástica. Pero dice mucho más: al calificar la monarquía como “parlamentaria” -y al desarrollar sus funciones en el Título II- acredita que, a diferencia de precedentes históricos, no se trata, obviamente, de una monarquía “absoluta” en la que el rey acumulaba todo el poder, pero tampoco de una monarquía “limitada” en la que el monarca perdía parte de sus poderes, pero seguía manteniendo importantes potestades como la dirección del Gobierno o el consentimiento para que el Parlamento aprobase una ley.
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