Opinión.
Significado de la frase que le decía Hannibal Lecter a la agente del FBI: “Quid pro quo, Clarice, quid pro quo”.
Estos viejos dichos romanos están tan vigentes como antaño lo estuvieron con los romanos, los padres de nuestro actual derecho.

En una columna publicada recientemente, el periodista español Carlos Berbell nos hace recordar la escena de la película “El silencio de los corderos” en la que la agente Clarice Starling, del FBI -interpretada por Jodie Foster– acude a prisión a pedir la ayuda del asesino en serie caníbal, y doctor, Hannibal Lecter -al que da vida Anthony Hopkins- para resolver un caso de asesinato.
A través de un cristal, Lecter asiente a la petición, pero con condiciones: “quid pro quo, Clarice, quid pro quo. Yo te cuento cosas y tú me cuentas cosas”.
El columnista explica que “quid pro quo” es una norma de convivencia y reciprocidad que aprendieron hace siglos los romanos y que nosotros utilizamos habitualmente en nuestras relaciones personales, afectivas, sociales o judiciales, es lo que popularmente se conoce como intercambio de favores, indica.
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