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Evidencia de conducta dolosa tendría que establecerse contundentemente.

6 elecciones impugnadas en Estados Unidos. Salvo la de 1860 que desató la Guerra Civil, las demás no han presentado amenazas para la estabilidad del sistema político.

Parece improbable que se cambie cualquier resultado reportado, ya que el fraude electoral es extraordinariamente raro.

4 de noviembre de 2020

En las democracias, las elecciones generan legitimidad porque los ciudadanos contribuyen a la selección de los líderes y cuando las elecciones han sido impugnadas las reglas para sortear esas disputas han sido efectivas. Así ha ocurrido en EE.UU. hasta ahora, con excepción de aquella que desató la Guerra Civil de 1860.

En 1800, Thomas Jefferson y Aaron Burr recibieron el mismo número de votos del Colegio Electoral. Debido a que ningún candidato ganó una clara mayoría del voto electoral, la Cámara de Representantes se adhirió a la Constitución y convocó una sesión especial para resolver el empate por votación. Tuvieron que realizar 36 encuestas para otorgarle a Jefferson la victoria, que fue ampliamente aceptada.

En 1824, Andrew Jackson ganó la votación popular contra John Quincy Adams y otros dos candidatos, pero no obtuvo la mayoría necesaria del Colegio Electoral. Una vez más, la Cámara Baja aplicando un procedimiento en la Constitución, seleccionó a Adams como ganador sobre Jackson.

La elección de 1876 entre Rutherford B. Hayes y Samuel Tilden fue impugnada porque varios de los estados del Sur no pudieron certificar claramente un ganador. Esto se resolvió a través de negociaciones interpartidistas conducidas por una comisión electoral establecida por el Congreso. Mientras Hayes llegó a la presidencia, se le hicieron concesiones a los estados del Sur que efectivamente pusieron fin al período de Reconstrucción.

La contienda entre el demócrata John F. Kennedy y el republicano Richard Nixon en 1960 estuvo plagada de denuncias de fraude, y los simpatizantes de Nixon presionaron para que muchos estados hicieran recuentos. Al final, Nixon aceptó la decisión en lugar de arrastrar el país a un malestar civil durante las intensas tensiones de la Guerra Fría entre EE.UU. y la Unión Soviética.

Por último, en 2000, el candidato republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore se vieron envueltos en una disputada votación en Florida. La Corte Suprema puso fin a un recuento y Gore concedió la derrota públicamente, reconociendo la legitimidad de la victoria de Bush.

En cada caso, la parte perdedora estuvo descontenta con el resultado de la elección. Pero en cada caso, el perdedor aceptó el resultado derivado legalmente, y el sistema político democrático de Estados Unidos persistió.

La elección de 1860 fue una historia diferente. Después de que Abraham Lincoln derrotara a otros tres candidatos, los estados del Sur simplemente rehusaron reconocer los resultados. Consideraron ilegítima la elección de un presidente que no protegiera la esclavitud e ignoraron los resultados de la elección.

Solo fue a través de la profundamente sangrienta Guerra Civil que Estados Unidos se mantuvo intacto. La disputa por la legitimidad de esta elección, basada en las diferencias fundamentales entre el Sur y el Norte, costó 600.000 vidas estadounidenses. En 1860 EEUU estaba dividido en torno a la esclavitud

La impugnación de una elección no es un escenario catastrófico, pues la Constitución no le permite al presidente declarar una elección inválida y las irregularidades durante la votación deben ser investigadas por los estados, que son los responsables de supervisar la integridad de sus procesos electorales. Por ello parece improbable que se cambie cualquier resultado reportado, ya que el fraude electoral es extraordinariamente raro. Además, la evidencia de una conducta dolosa o fraude electoral tendría que establecerse contundentemente.

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