Opinión.
Las neurotecnologías con IA pueden curar enfermedades crónicas, pero peligra la privacidad mental, por Sara Ibrahim.
Las neurotecnologías que incorporan inteligencia artificial (IA) pueden curar enfermedades como el Parkinson y la depresión y mejorar el bienestar mental, pero también alterar la mente y leer el pensamiento. Desde Suiza, la comunidad mundial presiona para regularlas, especialmente en manos de empresas privadas como Neuralink, de Elon Musk.

El primer electrodo capaz de registrar la actividad cerebral se implantó en un cráneo humano en 1924. Un siglo después, la neurotecnología potenciada por la inteligencia artificial (IA) es capaz de devolver el habla y la movilidad a personas con afasia y discapacidad motora.
La integración de la IA en dispositivos que interactúan con el cerebro permite interpretar en tiempo real datos neuronales complejos y adaptar la respuesta a las necesidades individuales del paciente. Esta innovación promete ampliar las opciones de tratamiento de enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer.
Sin embargo, aunque los avances despiertan esperanzas, también crece la preocupación por el potencial de estas tecnologías para alterar la personalidad y la libertad de pensamiento.
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