Toga: símbolo judicial milenario
De toga romana a símbolo judicial: la historia milenaria del atuendo del poder
Una prenda que comenzó como símbolo de ciudadanía en la antigua Roma y terminó siendo emblema de imparcialidad y solemnidad en los estrados judiciales. En España, su uso se institucionalizó en el siglo XIX, pero su historia viene de mucho antes.

Antes de ser sinónimo de jueces, solemnidad y tribunales, la toga fue la vestimenta de los ciudadanos romanos que marcaba su paso a la adultez y su integración a la vida pública. Su nombre proviene del latín tegere, que significa «cubrir», y no era cualquier prenda: podía medir hasta seis metros, lo que finalmente la relegó a actos ceremoniales por su incomodidad para el día a día.
Durante la Edad Media, con el declive del Derecho romano y el predominio de la justicia divina, la toga desapareció. Pero volvería siglos después, esta vez desde el ámbito universitario. Fue en las casas de estudio medievales europeas donde se recuperó su uso, distinguiendo a rectores, doctores y juristas. La Universidad de París jugó un papel clave en convertir esta prenda en símbolo de autoridad intelectual y académica.
En España, la toga tuvo varios antecesores: durante el reinado de los Reyes Católicos se usaban prendas como el balandrán o la loba. Más tarde, bajo el mandato de Felipe II en el siglo XVI, se ordenó que todos los miembros del Consejo de Castilla (el órgano judicial más importante de la época) vistieran la “garnacha” negra, una especie de antecesora de la toga actual.
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