Diario Constitucional

Historia de la casación

Robespierre y el origen del Tribunal de Casación

La creación del Tribunal de Casación francés, antecedente de las actuales cortes supremas en los países de tradición jurídica continental, tuvo su origen en la profunda desconfianza que los revolucionarios franceses mantenían hacia los jueces provenientes del antiguo régimen monárquico.

Por Redacción·20 de agosto de 2026·3 min de lectura
Robespierre y el origen del Tribunal de Casación
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La creación del Tribunal de Casación francés, antecedente de las actuales cortes supremas en los países de tradición jurídica continental, tuvo su origen en la profunda desconfianza que los revolucionarios franceses mantenían hacia los jueces provenientes del antiguo régimen monárquico.

Una figura especialmente vinculada con ese proceso fue Maximilien Robespierre, abogado y uno de los principales dirigentes de la Revolución francesa, conocido como “El incorruptible” por su defensa de la virtud pública y su dedicación al proyecto revolucionario.

Robespierre alcanzó una enorme influencia política y gobernó Francia durante buena parte del período comprendido entre 1793 y 1794, etapa conocida como el Reinado del Terror. Como uno de los principales dirigentes del Comité de Salvación Pública, encabezó un gobierno en el que miles de personas consideradas enemigas de la Revolución fueron ejecutadas en la guillotina.

La situación resulta especialmente paradójica porque Robespierre había sido anteriormente partidario de abolir la pena de muerte. Sin embargo, posteriormente defendió su utilización al considerar que constituía un mal necesario para asegurar la supervivencia de la República frente a quienes pretendían destruirla.

Más allá de su papel político durante la Revolución, Robespierre también tuvo una participación relevante en el origen de la institución que posteriormente sería conocida como Tribunal o Corte de Casación.

Durante aquellos años, la Revolución había terminado con las estructuras políticas y jurídicas del Antiguo Régimen, pero necesitaba recurrir a juristas formados precisamente bajo ese sistema para ejercer funciones como jueces, abogados, notarios y procuradores.

Entre los revolucionarios existía una fuerte desconfianza hacia muchos de estos profesionales, especialmente hacia los jueces, debido al temor de que interpretaran de manera deliberadamente contraria las nuevas leyes aprobadas por la Asamblea Nacional y obstaculizaran así el avance de las transformaciones revolucionarias.

Frente a ese escenario surgió en la Asamblea Nacional, y particularmente en torno a Robespierre, la idea de crear un órgano encargado de proteger la ley frente a interpretaciones judiciales consideradas incorrectas y controlar que los jueces respetaran la voluntad expresada por el legislador.

Ese organismo sería posteriormente conocido como Corte de Casación.

Junto con la creación de esta institución surgió también el denominado recurso de casación, entendido originalmente como un mecanismo destinado a anular las decisiones judiciales que infringieran o aplicaran incorrectamente la ley.

En sus comienzos, el Tribunal de Casación funcionaba prácticamente como un órgano de vigilancia sobre los jueces y dependía directamente de la Asamblea Nacional, es decir, del Poder Legislativo.

La concepción respondía a la idea de que quien tenía la facultad de dictar las leyes debía también poder vigilar su correcta aplicación. En esa línea, el diputado revolucionario Le Chapelier defendía que a la facultad de legislar seguía naturalmente la potestad de controlar el cumplimiento de las normas.

Con el paso del tiempo, esa concepción cambió. La Corte de Casación dejó de ser entendida como un instrumento político destinado a vigilar a jueces considerados sospechosos y pasó a ocupar un lugar propio dentro del sistema judicial francés.

Actualmente, el Tribunal Supremo o Corte de Casación se encuentra en la cúspide de la organización judicial y tiene como una de sus principales funciones asegurar la correcta aplicación e interpretación de la ley.

El modelo surgido durante la Revolución francesa terminó influyendo en numerosos países europeos que adoptaron sistemas jurídicos de tradición continental, a diferencia de Gran Bretaña, cuya organización judicial siguió una evolución distinta.

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