Diario Constitucional

Infraestructura energética

¿Cómo ha evolucionado Transelec en 80 años?

Hablar de más de 80 años de Transelec es posicionar y vincular a la empresa, líder en su sector, con la tradición y experiencia que contribuyó al desarrollo de las redes que acompañaron la electrificación del país durante décadas.

Por Redacción·29 de octubre de 2026·8 min de lectura
¿Cómo ha evolucionado Transelec en 80 años?
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Hablar de más de 80 años de Transelec es posicionar y vincular a la empresa, líder en su sector, con la tradición y experiencia que contribuyó al desarrollo de las redes que acompañaron la electrificación del país durante décadas.

Es por eso que casi cada etapa de desarrollo económico y energético de Chile exigió resolver un problema de infraestructura distinto.

De electrificar regiones a construir un sistema interconectado

A comienzos de la década de 1940, el desafío principal era extender el acceso a la electricidad y conectar nuevas centrales con las ciudades y zonas productivas.

CORFO creó Endesa en 1943 con un plan de electrificación basado tanto en nueva generación como en la construcción de redes regionales de transmisión. Hacia 1954 existían cuatro sistemas independientes: La Serena-Punitaqui, La Ligua-Talca, Chillán-Victoria y Valdivia-Puerto Montt.

El siguiente paso fue conectar esos espacios. En 1955, la entrada de la central Cipreses y las líneas de 154 kV que enlazaban Santiago y Concepción contribuyeron a formar el Sistema Interconectado Central. Una década después, la infraestructura alcanzó otro hito territorial: en 1965 un cable submarino cruzó el Canal de Chacao y permitió llevar electricidad a la Isla Grande de Chiloé. En 1966 entró en servicio la primera línea de 220 kV Rapel-Cerro Navia, asociada al aumento de la demanda de la zona central.

Ya la necesidad del país había cambiado. La electricidad ya debía circular entre territorios cada vez más distantes y sostener sistemas con mayor consumo.

Más distancia y más energía exigieron mayores tensiones

Durante las décadas siguientes, la transmisión comenzó a expandirse hacia nuevas regiones y a utilizar mayores niveles de tensión.

Durante 1978 se intensificó la interconexión con el Norte Chico. A comienzos de los años ochenta, la red avanzaba hacia Diego de Almagro por el norte y alcanzaba Puerto Montt por el sur. En 1986 entraron en operación las primeras líneas de 500 kV Ancoa-Alto Jahuel, asociadas al complejo Colbún-Machicura.

Por ello, el aumento de tensión tiene una explicación práctica: permite transportar grandes cantidades de electricidad a mayores distancias y conectar generación ubicada lejos de los principales centros de consumo.

La evolución de la red chilena comenzó así a requerir capacidades que luego se volverían permanentes para una empresa de transmisión: diseño de corredores extensos, construcción en geografías diversas, operación de activos críticos y mantenimiento de infraestructura distribuida a lo largo de miles de kilómetros.

1993: la transmisión adquiere una estructura propia

En 1993 ocurrió un cambio institucional decisivo. La División de Transmisión de Endesa pasó a la Compañía Nacional de Transmisión Eléctrica S.A., estructura desde la cual posteriormente nació Transelec S.A.

La transmisión comenzó a consolidarse como una actividad especializada. En esa misma década aparecen hitos que muestran una red cada vez más compleja. En 1993 se inauguró también el cruce aéreo del Canal de Chacao y, en 1996, Transelec construyó su primera línea de 220 kV entre Charrúa y Ancoa para conectar la central Pangue. Posteriormente esa infraestructura fue ampliada para incorporar Ralco.

La necesidad ya trascendía la expansión geográfica. El sistema requería planificación, operación y mantenimiento capaces de coordinar múltiples generadores, subestaciones y corredores de transmisión.

De una red principalmente central a una infraestructura de alcance nacional

Otra transformación ocurrió durante los primeros años del siglo XXI. En 2003, Transelec ingresó al Sistema Interconectado del Norte Grande mediante la adquisición de 924 kilómetros de líneas de 220 kV. Años después, la infraestructura de la compañía participó también en el proceso que permitió interconectar los sistemas eléctricos del norte y centro-sur de Chile a través de las líneas Los Changos-Kimal y Los Changos-Kapatur, obras que hicieron posible esa integración.

La historia de la transmisión chilena pasó así desde sistemas regionales independientes a un sistema eléctrico de escala nacional.

Así, la empresa también comenzó a incorporar soluciones operacionales más sofisticadas. En 2009 implementó tecnologías como STATCOM para aumentar capacidades de transmisión y en 2014 inauguró el Centro Nacional de Operación de Transmisión, que centralizó sus centros de control.

La infraestructura física continuaba siendo esencial. Su operación comenzó a depender cada vez más de sistemas de control, automatización, monitoreo y procesamiento de información.

La minería llevó la transmisión a geografías más exigentes

La experiencia acumulada en líneas y subestaciones empezó a utilizarse también para responder a requerimientos particulares de grandes clientes.

En 2012, Transelec finalizó el sistema de transmisión de Caserones, proyecto minero construido a más de 4.000 metros de altura. Más adelante desarrolló infraestructura para Quebrada Blanca 2 y otras instalaciones vinculadas a clientes industriales y mineros.

Estos proyectos agregaron nuevas exigencias: altura, logística, condiciones climáticas complejas, contratos de largo plazo y operación de infraestructura directamente asociada a procesos productivos.

La transmisión comenzó a demostrar una característica que posteriormente sería importante para la diversificación de la compañía: muchas de sus capacidades técnicas son aplicables a otros tipos de infraestructura lineal crítica.

Diseñar una línea eléctrica, construir una tubería de agua o gestionar un sistema de almacenamiento son actividades que comparten varios desafíos de fondo: grandes inversiones iniciales, operación durante décadas, mantenimiento especializado, gestión territorial, permisos, monitoreo y necesidad de continuidad operacional.

Las energías renovables cambiaron nuevamente las necesidades de la red

La incorporación masiva de generación solar y eólica añadió un nuevo desafío. Durante décadas, gran parte de la infraestructura se había desarrollado para llevar electricidad desde grandes centrales hacia los centros de consumo. Con el crecimiento renovable, el sistema comenzó a recibir generación desde nuevos puntos geográficos y con patrones variables durante el día.

Transelec fue incorporando infraestructura destinada a esa nueva configuración. Su historia reciente registra conexiones para proyectos solares y eólicos, además de líneas de 500 kV y nuevas subestaciones en distintas zonas del país.

En 2025, el proyecto Jadresic-Montemina, de 2×500 kV, entró en operación en el norte del país y permitió además la conexión de parques eólicos.

El problema actual consiste también en administrar cuándo está disponible la electricidad renovable, cómo aprovecharla y qué servicios necesita una red con mayor presencia de generación basada en electrónica de potencia.

De transportar energía a almacenarla y estabilizar la red

Esa transformación explica la entrada de Transelec en tecnologías que hace algunas décadas habrían quedado fuera de la definición tradicional de una empresa transmisora.

En 2024 la compañía se adjudicó su primer proyecto BESS a gran escala para el parque fotovoltaico Granja Solar de Copec. El sistema considera 105 MW de potencia y 420 MWh de capacidad de almacenamiento, y está diseñado para almacenar durante el día parte de la energía solar e inyectarla posteriormente al sistema.

En paralelo, Transelec se adjudicó la construcción de dos condensadores síncronos, identificados por la compañía como los primeros de este tipo en el sistema de transmisión chileno. Estos equipos están orientados a aportar estabilidad a una red con una composición tecnológica diferente a la de décadas anteriores.

La evolución resulta significativa: las primeras redes buscaban transportar electricidad desde nuevas centrales; la infraestructura actual también debe aportar flexibilidad, estabilidad y capacidad para integrar generación renovable variable.

La experiencia en infraestructura lineal comenzó a utilizarse fuera del sector eléctrico

La diversificación alcanzó también al agua. Actualmente el Grupo Transelec participa en proyectos de suministro y transporte de agua de mar para la minería. Uno de ellos corresponde a la infraestructura desarrollada junto a Marubeni para el Distrito Norte de Codelco, que incluye la planta de desalación de ósmosis inversa, obras marítimas y un ducto subterráneo de más de 160 kilómetros.

Otro proyecto, desarrollado con Almar Water Solutions, considera transporte de agua de mar sin desalar para Minera Centinela de Antofagasta Minerals, mediante infraestructura de aproximadamente 144 kilómetros.

En cuanto a infraestructura, un ducto de larga distancia y una línea eléctrica utilizan tecnologías distintas. Ambos requieren estudiar corredores, atravesar territorios, construir obras distribuidas geográficamente, administrar activos de larga vida útil y mantener continuidad operacional.

Por eso, para Transelec, las capacidades acumuladas durante décadas de transmisión adquieren así usos adicionales.

Perú convirtió esa experiencia en una capacidad exportable

El Grupo Transelec ingresó al mercado peruano en 2016 mediante Conelsur. En 2025 amplió esa presencia con la adquisición de activos que agregaron 522 kilómetros de líneas y 23 subestaciones, operación que incrementó de manera importante la escala de su participación en ese mercado.

La Memoria Integrada 2025 registra actualmente 1.528 kilómetros de líneas de transmisión en Perú, junto con 11.767 kilómetros asociados al Grupo en Chile. También informa 440 kilómetros de tuberías de transporte de agua en operación y construcción.

Ochenta años también pueden leerse como una historia de desafíos y respuestas claves en infraestructura para el progreso del país y sus habitantes. Mirar esta trayectoria únicamente como una sucesión de líneas y subestaciones deja fuera una parte importante de la evolución.

En la década de 1940, el desafío era electrificar un país con sistemas regionales separados. Después apareció la necesidad de interconectarlos. El crecimiento de la demanda llevó a construir redes de mayor tensión. La expansión minera exigió operar en territorios extremos. La integración nacional requirió grandes corredores de transmisión. Las energías renovables generaron nuevas necesidades de conexión, almacenamiento y estabilidad.

Hoy el Grupo Transelec declara actividades en transmisión eléctrica, almacenamiento y sistemas de suministro de agua, además de presencia en Chile y Perú, donde existe un hilo común entre esas etapas: infraestructura que debe funcionar durante décadas, cruzar grandes distancias y responder a necesidades del país.

Por eso, los más de 80 años de trayectoria de Transelec se presentan como una acumulación de capacidades técnicas, operacionales y territoriales. La tecnología cambia, las necesidades del país evolucionan y la experiencia adquirida construyendo y operando redes puede trasladarse hacia nuevas formas de infraestructura crítica

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