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¿Cómo reconocer a un Neoconstitucionalista? Parte II. Vademécum de Neoconstitucionalismos.

Quentin Tarantino, famoso cineasta que se distingue por dirigir películas cargadas de violencia explícita (Los Perros de la Calle, Kill Bill, Pulp Fiction y Bastardos sin Gloria, entre otras) fue una vez consultado durante una entrevista sobre su afinidad con la violencia. Ante aquella interrogante respondió haciendo gala de su excéntrica franqueza: “La violencia es […]

Quentin Tarantino, famoso cineasta que se distingue por dirigir películas cargadas de violencia explícita (Los Perros de la Calle, Kill Bill, Pulp Fiction y Bastardos sin Gloria, entre otras) fue una vez consultado durante una entrevista sobre su afinidad con la violencia. Ante aquella interrogante respondió haciendo gala de su excéntrica franqueza: “La violencia es un acto de arte. Me gusta. No tengo empacho en decir que me encantan las películas de acción, pero en la vida real, la detesto. Y no es una contradicción”.
La lucidez de su respuesta recuerda algo obvio, tanto que a veces se soslaya. Una persona puede perfectamente dedicarse al estudio, difusión o exhibición de ciertas ideas y realidades, pero aquello no significa necesariamente que las comparta. Hago este prolegómeno con intenciones terapéuticas, para tratar de disipar cualquier sentimiento de culpa que pudiere surgir en quien se sienta no neoconstitucionalista al leer la segunda columna de esta serie ¿Cómo reconocer a un Neoconstitucionalista? Usted puede leer y saber – incluso hablar – de neoconstitucionalismo, sin comulgar con sus ideas.
Hecha esta –quizás– innecesaria introducción, en esta oportunidad me dedicaré a mostrar que no existe un neoconstitucionalismo, sino varios tipos de él, lo que daría pie incluso para construir un Vademécum del Neoconstitucionalismo.
El denominado Neoconstitucionalismo –afirma Luis Prieto en Justicia Constitucional y Derechos Fundamentales– es una expresión cada vez más difundida, que sirve para aludir, de forma no siempre muy precisa, a distintos aspectos de una presunta nueva cultura jurídica. En efecto, cuenta con muy pocos militantes declarados y numerosos autores son sindicados como parte de este “movimiento” sin que el rótulo les satisfaga del todo. Muchos hablan de él sin tener absoluta claridad de sus características –cuestión bastante compleja de lograr, si como veremos más adelante se trata de un concepto polisémico– y otros tantos se instalan como sus acérrimos críticos sin notar que sus objeciones no son verdaderamente en contra del Neoconstitucionalismo. La razón de todo esto es explicada con precisión por el mismo Prieto en su trabajo Neoconstitucionalismos, un catálogo de problemas y argumentos, recientemente publicado en el Nº 44 de la Revista Anales de la Cátedra Francisco Suárez: “se puede enarbolar el Neoconstitucionalismo en sentidos muy distintos y, luego, una vez fijado el sentido, tampoco resultan nada claros los rasgos o elementos que han de concurrir para ostentar legítimamente dicho título”. Por eso estima justificado hablar de Neoconstitucionalismos.
Con todo, como doctrina totalizante, tiende a ser confrontado a las construcciones de la misma índole que han dominado el pensamiento jurídico durante el último tiempo: el iuspositivismo y el iusnaturalismo (ante todo el teológico).
Las cuatro variables de Neoconstitucionalismo que identifica el mencionado Catedrático español son: en primer lugar el Neoconstitucionalismo como un tipo de Estado de Derecho (una doctrina del Estado Justo), en segundo, como Teoría del Derecho – que propone la superación de la teoría positivista – en tercero como Filosofía y Concepto del Derecho, que aborda la cuestión de la existencia o no de una conexión conceptual entre Derecho y Moral y, en cuarto lugar, como un tipo específico de Ciencia Jurídica.
Por eso, Prieto advierte que debido a que los distintos Neoconstitucionalismos se desarrollan en torno a problemas diferentes, en principio, es posible adherirse a cualquiera de ellas sin necesidad de asumir las demás; y que por otro lado su presentación tampoco cuenta con un esquema canónico o incontrovertido de tesis fundamentales.

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