Diario Constitucional

Primeros intentos constitucionales

El Plan de Hacienda de Hipólito Villegas.

El Plan de Hacienda no tuvo -ni tiene en la actualidad por parte de la historiografía jurídica chilena- la categoría de ordenamiento jurídico de grado constitucional. Sin embargo, consideramos que este cuerpo legal, de efímera existencia, puede ser analizado como uno de los primeros intentos constitucionales de la Independencia definitiva. Los inicios del gobierno de…

19 de octubre de 2012·7 min de lectura
Imagen: SURDOC
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El Plan de Hacienda no tuvo -ni tiene en la actualidad por parte de la historiografía jurídica chilena- la categoría de ordenamiento jurídico de grado constitucional. Sin embargo, consideramos que este cuerpo legal, de efímera existencia, puede ser analizado como uno de los primeros intentos constitucionales de la Independencia definitiva.

Los inicios del gobierno de O’Higgins fueron turbulentos: a la permanencia de tropas realistas en el sur del país, se sumaba el desorden interno en que podía sumirse el país si no se suministraba autoridad. La caída de Marcó del Pont dejó en este sentido un vacío de poder que debía ser llenado por las nuevas autoridades, las cuales tuvieron que improvisar. El proyecto de liberación de Chile comprendía solo ello. Los generales no contemplaron de manera detallada un proyecto de Gobierno que asegurase el orden y la libertad luego de las batallas. El Gobierno fue entregado a O’Higgins, quien como ya señalamos, tuvo facultades ilimitadas. Las tareas de la guerra lo alejaron de Santiago, quedando ahí sus ministros y el Director Supremo delegado, Hilarión de la Quintana. Los ministros con los que contaba O´Higgins eran Miguel Zañartu, como Ministro del Interior y Relaciones Exteriores, José Ignacio Zenteno en el Ministerio de Guerra, e Hipólito Villegas, como Ministro de Hacienda.

Precisamente este último, argentino de nacimiento, fue quien encargó la redacción del denominado Plan de Hacienda y de Administración Pública. Su principal función fue la de intentar organizar el Estado, y así procurar una mayor economía fiscal. Para algunos el Plan de Hacienda no era sino un intento de la aristocracia Santiaguina para obtener una mayor injerencia en el Gobierno, pero de manera solapada. El Ministro Villegas mantuvo correspondencia con O’Higgins, informándole de las ventajas de una ley que ordenase el Estado, pero sin hacer mención a las facultades que en desmedro del Director Supremo se dejaban en manos de nuevas instituciones como el Tribunal Superior de Justicia y Apelación, el Supremo Consejo de Estado, el Tribunal de Cuentas, y la reordenación de los ministerios. Encontrándose San Martín en Santiago, el plan fue promulgado interinamente por Hilarión de la Quintana –el Director delegado- sujeto a la aprobación definitiva de O´Higgins, aprobación que nunca tuvo lugar. No obstante ello, Villegas dictó varios decretos en aplicación del Plan de Hacienda, entre ellos, la constitución del Tribunal Superior de Justicia y Apelación. La Junta Suprema Delegada que reemplazó a Quintana suspendió toda medida.

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