Diario Constitucional

En fallo unánime.

CS anula fallo de Consejo de Guerra que condenó a exintendente de Valdivia.

El máximo Tribunal estableció que el recurrente fue condenado con vulneración al debido proceso y con antecedentes ilegítimos obtenidos bajo tortura.

Por Redacción·11 de mayo de 2020·4 min de lectura
CS anula fallo de Consejo de Guerra que condenó a exintendente de Valdivia.
Referencial

En fallo unánime, la Corte Suprema acogió recurso de revisión y anuló la sentencia dictada por Consejo de Guerra que lo condenó, en 1974, al exintendente de Valdivia, Sandor Adolfo Arancibia Valenzuela por traición a la patria.

La sentencia indica que en el informe de la Comisión Rettig se precisan los actos de tortura, aludidos por las víctimas del informe de la Comisión Valech, en cuanto se usaron para los fines de detención o interrogatorio los establecimientos educacionales de las Fuerzas Armadas y de Orden y se afirma que, en los meses de septiembre a diciembre de 1973, casi universalmente se presentaron malos tratos y torturas, en distintos grados y formas. Las golpizas y vejaciones al ser detenida una persona, en el vehículo de su traslado, en las comisarías y al ingresar a su lugar definitivo de reclusión, fueron usuales. También fue normal la tortura en los interrogatorios.

Numerosos testimonios relacionan éstos con la tortura. Cuando el detenido se mostraba ‘duro’ para confesar, lo interrogaban bajo apremio. No estuvieron exentos de este procedimiento los procesados por Consejos de Guerra y, en efecto, un ex-fiscal reconoció ante miembros de la Comisión la habitualidad de la tortura, como método para conformar las ‘evidencias’ después presentadas a los Consejos. Los métodos de tortura fueron variadísimos. Los golpes violentos y continuados hasta producir fracturas y derramamiento de sangre se usaron casi universalmente. También el agravar, hasta constituir tortura, la rigurosidad de la detención. Por ejemplo: permanecer los detenidos tendidos boca abajo en el suelo o, al revés, de pie, largas horas sin moverse; permanecer horas o días desnudos, bajo luz constante o, al contrario, enceguecidos por vendas o capuchas o amarrados; alojar en cubículos tan estrechos, a veces fabricados ad hoc, que era imposible moverse; incomunicación en algunas de estas condiciones o varias; negación de alimentos o agua, de abrigo o de facilidades sanitarias. Asimismo, fue común el colgar a los detenidos de los brazos, sin que sus pies tocaran suelo, por espacios de tiempo prolongadísimo. Se emplearon diversas formas de semi asfixia, en agua, en sustancias malolientes, en excrementos. Se denunciaron con frecuencia vejaciones sexuales y violaciones, la aplicación de electricidad y quemaduras. Muy usado fue el simulacro de fusilamiento. En algunos centros se empleaban refinamientos de torturas, como el ‘pau de arara’, perros y apremios de los detenidos ante sus familiares, o viceversa.

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