Sorteo versus experticia
Expertos y expertas (en el nuevo proceso constituyente)
La idea del sorteo de integrantes de una futura convención, si bien luce atractiva, tambalea sin demasiada dificultad, pues abandona al azar el futuro de cuestiones que no pueden depender de una ruleta, como la equidad de género, los derechos sociales o una redistribución del poder que no amarre a la cuna el destino de las personas. Ningún cambio social se ha conseguido dirimiendo en juego de casino.

Luego del 4 de septiembre dos cosas son difíciles de controvertir. La Ciudadanía rechazó la propuesta de nueva carta fundamental y que persiste la intención de reemplazar la vigente. Es evidente que quienes creemos en la necesidad de una Constitución surgida en democracia no podemos claudicar y que de los errores se debe aprender.
Un elemento que ha surgido, junto a la idea de los “bordes” del proceso, asunto que ya hemos criticado en diversos medios, es que la nueva Carta Política debe ser redactada por expertos y expertas. Y empleo el término Carta Política no por ausencia de equivalentes, sino para recalcar una cuestión: las constituciones contienen opciones políticas, esto es, decisiones acerca del reparto del poder en una sociedad políticamente organizada.
Las democracias implican representación de ideales o intereses necesarios de ser cualitativa y cuantitativamente expresados. Por eso, la idea del sorteo de integrantes de una futura convención, si bien luce atractiva, tambalea sin demasiada dificultad, pues abandona al azar el futuro de cuestiones que no pueden depender de una ruleta, como la equidad de género, los derechos sociales o una redistribución del poder que no amarre a la cuna el destino de las personas. Ningún cambio social se ha conseguido dirimiendo en juego de casino.




