Diario Constitucional

Firma electrónica avanzada

Fin del papeleo: progreso real para el país.

Pese a contar con la tecnología y el marco legal necesario, Chile sigue atrapado en trámites notariales presenciales, mientras la firma electrónica avanzada —eficiente, segura y sostenible— enfrenta resistencias que revelan más intereses creados que obstáculos técnicos.

Por Rodrigo Mortara·10 de mayo de 2025·1 min de lectura
Imagen: Gojko Franulic
Referencial

Hoy, hacer filas en notarías, imprimir, fotocopiar y pagar solo para estampar una firma representa una ineficiencia que Chile puede superar. Contamos con la tecnología, el marco normativo y los proveedores certificados para avanzar hacia un ecosistema digital robusto en beneficio de las personas. Aun así, miles siguen destinando tiempo y dinero a trámites presenciales que podrían resolverse en minutos gracias a la firma electrónica avanzada.

Esta herramienta, reconocida legalmente hace más de una década y utilizada a diario, es sinónimo de eficiencia, transparencia y respeto por el tiempo de todos. Cumple con altos estándares de seguridad y permite garantizar identidad, integridad y trazabilidad, de forma accesible y confiable.

Sus beneficios son evidentes: ahorro de costos, mayor productividad, eliminación de barreras geográficas y reducción del uso de papel, lo que también la convierte en un aporte concreto a la sostenibilidad. En la actualidad, la firma digital no es un lujo y mucho menos una tendencia pasajera, por lo que el retraso en su aceptación lleva a cuestionarse los motivos; una reciente investigación de CIPER evidencia resistencias que, más que técnicas, parecen responder a intereses creados.

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