Diario Constitucional

Expresión y discurso de odio

¿Todo se vale en democracia? El peligro de trivializar el discurso de odio

En tiempos de elecciones, el discurso público se tensa y la libertad de expresión se invoca con fuerza, pero cuando esta se usa para atacar derechos fundamentales, especialmente los conquistados por el movimiento feminista, cabe preguntarse: ¿dónde termina la opinión y comienza el daño?

Por Camila Torrejón·03 de agosto de 2025·2 min de lectura
Imagen: unesco.org
Referencial

En cada nuevo ciclo electoral, la democracia se pone a prueba. Los debates crecen, las redes sociales se polarizan y algunos candidatos parecen dispuestos a todo. Sin embargo, en este contexto con frecuencia emergen discursos ofensivos o discriminatorios que se presentan como “opinión política” o “libertad de expresión”. La verdadera pregunta, ¿de verdad todo se vale en democracia?

Vivimos un tiempo en que las conquistas del movimiento feminista como el derecho a una vida libre de violencia, la igualdad salarial, la educación no sexista, o la autonomía reproductiva son blanco frecuente de discursos que las caricaturizan, ridiculizan o directamente niegan. Bajo la apariencia de “opinión legítima” o “libertad para discrepar”, se han instalado narrativas que deshumanizan a las mujeres, las responsabilizan por la violencia que sufren o las acusan de ser una amenaza para el orden social.

Nuestra Constitución en su artículo 19 N.º 12, garantiza la libertad de emitir opinión e informar sin censura previa, pero también exige que dicho ejercicio respete la honra de las personas y que quienes abusen de esta libertad respondan conforme a la ley. No se trata de censurar las ideas de quien las emite, sino de establecer un límite claro entre la crítica legítima y el discurso de odio, que vulnera la dignidad y derechos fundamentales.

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