Crisis política y responsabilidad
“Una oposición decente, moderada y con santos fines”.
Observando con mirada, que pretende ser de largo alcance, me pregunto si las partes encontradas entenderán que la crisis que nos ahoga afecta a la democracia misma y probablemente a su propia estabilidad, y si tendrán la inteligencia de entender la responsabilidad que les cabe en la hora presente.

La frase que rotula esta columna es de don Diego Portales y forma parte de su “ideario”, manifestado en los momentos en que, después de la independencia, Chile buscaba organizarse como República. No eran momentos fáciles: Chile venía saliendo de una confrontación fratricida – resuelta en la Batalla de Lircay (17 de abril de 1830) –, de una larga seguidilla de ensayos constitucionales fracasados y de una caótica situación política interna. Bajo estas circunstancias, Portales reclama la formación de “un gobierno fuerte y una autoridad impersonal, que tenga como contrapartida un sistema de oposición que no sea tumultuario, indecente, anárquico, injurioso, degradante al país y al gobierno”.
En el momento que escribo esta columna, el Presidente de la República y el Gobierno entero se encuentran sumidos en la más dificultosa crisis que hayan atravesado, la cual amenaza incluso su propia subsistencia. Por su parte, la oposición se encona en un verdadero alud de recriminaciones y apresta sus más filosas armas para, ojalá, proporcionar una estocada final al Presidente y su Gobierno.
Observando con mirada, que pretende ser de largo alcance, me pregunto si las partes encontradas entenderán que la crisis que nos ahoga afecta a la democracia misma y probablemente a su propia estabilidad, y si tendrán la inteligencia de entender la responsabilidad que les cabe en la hora presente.
Comentarios (1)
Humberto Julio Absolutamente de acuerdo con lo expresado, creo que la situación requiere de prudencia y moderación por ambas partes. Hacer justicia no implica hacer leña del árbol caído, por una parte, ni desenterrar otras querellas para empatar. Es comprensible el festín televisivo pero no hay que alimentarlo con declaraciones y actuaciones irreflexivas.




