Reforma del estado moderno
La necesidad de un Estado Modesto.
Los rendimientos decrecientes del Estado benefactor y las fallas del sistema capitalista son evidencias potentes de que necesitamos configurar un Estado distinto.

Las elecciones primarias en el Frente Amplio han posicionado nuevamente en el debate público una supuesta imperiosa necesidad de expandir el rol del Estado para hacerse cargo de nuestros problemas públicos. Sin lugar a dudas esta reivindicación ha abierto una ventana de oportunidad para debatir otra vez sobre el tipo de Estado que necesitamos consolidar para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Una mirada simplista, como la del Frente Amplio, encausa este debate dentro de la anticuada dicotomía mercado versus Estado, mientras que una más perspicaz lo haría en un plano que trasciende esta bipolaridad, y que se basa principalmente en el reconocimiento que tanto el Estado, la sociedad como el mercado no pueden solucionar de forma insular los complejos problemas públicos que aquejan actualmente a la sociedad.
Ya en los años ochenta Michel Crozier reconocía esta realidad al recomendar que los políticos y la administración pública desde el estado benefactor debieran abandonar su megalomanía y volverse modestos, no en el sentido de renunciar a su vocación pública, sino que realmente reconocer la imposibilidad estatal de solucionarlo todo.





