Diario Constitucional

Derechos de la infancia en familia

Principio de autonomía progresiva y resistencia del mundo adulto

En derecho de familia, no siempre existe el tiempo para que los niños expresen su opinión, ni se proveen dispositivos de escucha acogedores, pero sobre todo respetuosos de su individualidad.

23 de octubre de 2018·5 min de lectura
Imagen: Diario concepción
Referencial

A casi tres décadas de la ratificación nacional de la Convención de los Derechos del Niño (CDN), asistimos a su reconocimiento prácticamente transversal. Sin embargo, en muchos aspectos, la concepción de los niños como sujetos de derechos para el mundo adulto ha operado solo como un slogan, una nueva forma de denominar el estatus de los niños, pero sin cambiar las representaciones y prácticas sociales que tenemos hacia la infancia y adolescencia. La visión de la niñez que sostiene la CDN, particularmente vinculada al respeto y consideración de su autonomía progresiva, no ha logrado permear profundamente al mundo adulto. En cambio, sí ha impactado a los niños y adolescentes, quienes hoy están mucho más conscientes de sus derechos, los viven, los ejercen y habitan en ellos.

Autores como Vergara y otros (2015), señalan que el acceso de los niños a un expansivo mercado del consumo cultural infantil, relacionado con la música, los juegos electrónicos, la tecnología, ha permitido la conformación de un “mundo infantil propio”, códigos particulares y a veces ininteligibles para los adultos. Los niños asimilan nuevos valores, como el respeto a la naturaleza y a la no-discriminación, la noción de derechos se incorpora en su lenguaje cotidiano, convirtiéndose incluso en una herramienta reivindicativa contra el mundo adulto. Son críticos respecto al modo de vida y a las incoherencias que observan en sus padres, cuidadores y profesores; los cuestionan, piden explicaciones, muestran su desacuerdo, rebaten sus órdenes. Si en generaciones anteriores el mundo de la infancia era un mundo protegido, mediado por adultos que actuaban como filtro, hoy los niños tienen un acceso expedito a contenidos eróticos, sexuales, violentos, etc., borrando así los secretos para la infancia.

En el caso de los jóvenes, Hopenhayn (2011) señala que esta es una generación menos discursiva y más gestual que las precedentes, menos declamatoria y más expresiva, menos retórica y más estética. Los jóvenes ejercen una acción política no convencional, un tipo de participación informal, menos estructurada e institucionalizada, desplazando la política representativa y adoptando formas de acción directa, lógica de redes y núcleos más territoriales de articulación.

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