Opinión.
Acerca del deber de secreto, obligación existente también en la protección de datos.
El deber de secreto trata de salvaguardar o tutelar el derecho de las personas a mantener la privacidad de sus datos de carácter personal.

Ambos principios, el de seguridad y el de secreto, resultan necesarios y constituyen una garantía para el derecho fundamental a la protección de datos.
Consecuentemente con ello, existe una importante interrelación entre el deber de secreto y la seguridad en el tratamiento de los datos de carácter personal, pues en definitiva junto con las medidas de seguridad, tratan de garantizar la confidencialidad efectiva en el conocimiento de los datos vinculados a una persona concreta y determinada.
El secreto y la confidencialidad aseguran que los datos personales sólo sean conocidos por el afectado o interesado y por aquellos usuarios de la organización cuyo perfil les atribuye competencia para usar, consultar, modificar o incluir los datos en los sistemas de información, es decir, pretende fundamentalmente garantizar el derecho a la intimidad del individuo, frente a los riesgos potenciales que contra la misma, se pueden derivar del uso de sistemas informáticos, o de las tecnologías de la información y la comunicación, que la misma hoy en día lleva aparejada.
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