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Escriben «Setenta años después de la Declaración Universal de Derechos Humanos».

La Declaración Universal de los Derechos Humanos cumple 70 años en medio de una ofensiva que le desprende de todo el trasfondo antropológico. En la nueva concepción del ser humano, la autonomía moral, por la que uno es capaz de definir y redefinir su identidad hasta lo más esencial, es el centro.

Por Redacción·09 de julio de 2018·6 min de lectura
Escriben «Setenta años después de la Declaración Universal de Derechos Humanos».
Referencial

En una reciente publicación del medio español Actuall se da a conocer el artículo “Setenta años después de la Declaración Universal de Derechos Humanos”, del abogado Andrés López. El autor recuerda que en diciembre de 1948, y después de un intenso proceso de debates y negociaciones liderados por Eleanor Roosevelt -representante de los Estados Unidos- y Charles Malik – representante del Líbano- decenas de países firmaron el documento fundante del sistema internacional de protección de derechos humanos: la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aunque este instrumento internacional no tiene carácter vinculante por ser una declaración, para algunos doctrinantes, parte de su contenido es considerado como norma imperativa de derecho internacional.

Sin embargo, más allá de su valor jurídico destaca que la Declaración Universal sigue siendo el parámetro ético de todo el sistema internacional de protección de derechos humanos, y el modelo a seguir de convergencia entre culturas y países diametralmente diferentes.

El autor afirma, que setenta años después de la promulgación de la Declaración Universal, a su juicio es propicio evaluar qué ha sucedido con el sistema internacional de protección de derechos humanos. El punto central de su reflexión es la contrastante divergencia entre el fundamento filosófico y antropológico de la Declaración Universal con la visión antropológica imperante en el sistema internacional de derechos humanos. Mientras que la Declaración Universal tiene como fundamento una visión del ser humano que recibe y descubre su identidad y dignidad, la visión imperante en el sistema internacional de protección de derechos humanos es una idea de un ser humano carente de identidad pues es un ser autoconstruido que se dota a si mismo de contenido. La importancia de esto radica en que los derechos humanos que se protejan o se reconozcan dependen en gran medida de la visión de la persona humana que se tenga.

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