Opinión.
«Los juicios contra animales más surrealistas de todos los tiempos», por Yolanda Rodríguez y Carlos Berbell.
Es célebre el caso de la cerda de Falaise, en 1386, en el que una marrana penetró “de forma no autorizada” en una casa, donde se comió la cara y los brazos de un bebé, que murió. Como era de esperar, la marrana “no se defendió” adecuadamente, por lo que fue declarada culpable y condenada a morir en la horca, como un ser humano.

En una reciente publicación del medio español Confilegal se da a conocer el artículo «Los juicios contra animales más surrealistas de todos los tiempos», por Yolanda Rodríguez y Carlos Berbell.
Hasta prácticamente el siglo XIX –hace tan solo 200 años- era práctica común acusar a un animal de un delito cualquiera y someterlo a juicio, con todas las formalidades. Y después condenarlo a muerte si su testimonio “no era convincente”. Que nunca podía serlo. Por ello, todo dependía de la eficacia de los abogados defensores.
Por el banquillo de los acusados han pasado bueyes, asnos, toros, caballos, ovejas, gatos, perros, cerdos, papagayos o, incluso, orugas, moscas y anguilas. De hecho no sólo se han dado juicios contra animales por causas penales, también ha habido casos en los que sus dueños nombraron a su mascota heredera universal de todos sus bienes, para sorpresa de sus hijos.
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