En fallo unánime.
Corte Suprema acogió la demanda presentada por una comunidad agrícola y le ordenó a comunero remover el cerco que instaló en torno a terreno que forma parte de la comunidad.
El máximo Tribunal desestimó que en la especie existan antecedentes que acrediten que el demandado cuneta con autorización para erigir el deslinde sobre terrenos de uso común.

La Corte Suprema anuló de oficio el fallo impugnado y, en sentencia de reemplazo, acogió la demanda presentada por una comunidad agrícola, ubicada en la Región de Coquimbo, y le ordenó a comunero remover el cerco que instaló en torno a terreno que forma parte de la comunidad.
El fallo señala que, para acreditar el goce singular originario sobre los terrenos en que ha instalado el cerco que origina el presente litigio, el demandado se ha valido, únicamente, de la copia de una escritura pública de compraventa a través de la cual su padre adquirió, en el año 1945, ‘la posesión’ de un terreno denominado Las Castañedas, ubicado en la quebrada de Las Chilcas, del Fundo El Durazno, que tiene parte de riego, y que le otorga ‘el derecho a pastar en el campo del fundo animales de su marca y propiedad, entendiéndose que son también de su propiedad los animales de la persona a quien el comprador diere en arriendo su posesión’, y de la copia de la inscripción de dominio de aquella posesión, en el Conservador de Bienes Raíces respectivo, otorgada en mayo de 2014, por la Conservadora Suplente de Combarbalá, la que no cuenta con certificado de vigencia. Tampoco consta que se trate, exactamente, del mismo sitio o sector donde el demandado ha emplazado el cerco que se describe en el acta receptorial.
La resolución agrega que, un aspecto crucial de la definición legal del goce singular, es que se trata ‘de terrenos de propiedad de la comunidad’ que se asignan a un comunero y su familia, lo que desde ya descarta que los instrumentos acompañados por el demandado, le den un título sobre dichos terrenos específicos. Cabe destacar que la calidad de comunero implica que ‘se es propietario de un derecho o cuota sobre el predio común’ (artículo 1 bis, c), el cual permitirá el acceso al uso y goce de los bienes de la comunidad, entre los cuales se cuentan los terrenos comunes, los goces singulares que les asigne la Junta General de Comuneros y los derechos de aprovechamiento de aguas. Lo anterior, significa que ser comunero da derecho a tener un goce singular, a reclamarlo, por decirlo así, pero no es que el mismo esté comprendido o ‘asociado’ a la calidad de comunero, de manera que para acreditarlo se requiere prueba, la que deberá recaer sobre hechos que hacen a la esencia de un goce singular, y que son a los que nos hemos venido refiriendo anteriormente, como la ocupación, explotación o aprovechamiento de las tierras, circunstancias que en términos generales podrán configurar esa economía familiar de subsistencia a la que también se ha aludido.
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